Aunque el esperado duelo Halladay-Lincecum , por segunda ocasión consecutiva no cumplió con las expectativas que había generado en el marco de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional; fue precisamente el pitcheo el que definió el quinto encuentro, aunque no el abridor, sino el de relevo.
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Una vez más Halladay y Lincecum acapararon la atención de medios de comunicación y aficionados con miras a este duelo, pero la historia se repitió: Halladay, que en el primero había lanzado siete entradas admitiendo cuatro carreras, ahora estuvo sólo por espacio de seis episodios, llevándose dos anotaciones limpias. Lincecum lanzó siete, al igual que en el primero de la serie, llevándose también tres carreras, aunque sólo dos fueron limpias.
A pesar de que ambos se llevaron las decisiones, cuando bajaron de la loma los Phillies ganaban por solo una carrera, así que la forma de manejar a los relevistas, así como las actuaciones de cada uno de ellos, fue lo que determinó el rumbo final del encuentro.
Charlie Manuel, quien la noche anterior había sorprendido trayendo al relevo a Roy Oswalt para la novena entrada, ahora sí se apegó al librito, ganándole la batalla a Bochy en ese sentido. Los Phillies trajeron a José Contreras, J. C. Romero como situacional en la séptima para medirse a Aubrey Huff, Ryan Madson para poner la mesa en el octavo y al cerrador Brad Lidge para apuntarse el salvamento en la novena.
En total, un trabajo de tres innings sin admitir carreras, con solo un imparable para los relevistas de Filadelfia, una situación que no pueden presumir los de los Gigantes. Bruce Bochy trajo del bullpen a Sergio Romo, su «preparador» como primer relevo a Lincecum, y todo iba bien cuando Javier López le siguió con éxito para retirar a Utley y Howard cerrando la octava, pero el no haber traído directamente a su cerrador para iniciar la novena, le costó muy caro, pues ante Ramón Ramírez, Jayson Werth inició la entrada con un cuadrangular que representó el seguro para los Filis. Jeremy Affeldt sacó el último out de ese inning cuando era ya demasiado tarde.
Los dos últimos duelos en San Francisco se significaron por ese manejo de la estrategia hasta el punto más fino, e independientemente de que Bochy ganó la batalla el miércoles y Manuel ayer, quedó de manifiesto que se trata de dos de los mejores managers en la actualidad, y de dos dirigentes que conocen muy bien a sus equipos, pero con la diferencia en el modo de pensar que tanto se ha cuestionado últimamente en torno al uso de un cerrador.
Bochy prefirió no traer a Brian Wilson porque no estaba en ventaja, y pagó las consecuencias cuando Ramírez permitió el home run, pero muchos otros hubiesen traído a su cerrador aún perdiendo por la mínima, conscientes de que el equipo podría regresar en la novena, de que se trataba de un juego sumamente importante, pues los Gigantes querían a toda costa coronarse en casa, y de que al día siguiente no hay juego, por lo que el factor «cansancio» no entraba en la ecuación para Wilson.
Lo que es grato y que sí vale la pena recalcar, es que mientras en la Serie de Campeonato de la Liga Americana todos hablan de los errores que han cometido ambos managers, en el viejo circuito ha sido todo lo contrario.