Debilitado por los numerosos escándalos de su gobierno, el primer ministro japonés Shinzo Abe descartó el lunes dimitir y se mostró determinado a continuar la misión militar de apoyo a Afganistán así como las reformas económicas.
La continuación de la misión japonesa es «indispensable» para la lucha contra el terrorismo, dijo Abe en la inauguración de una sesión extraordinaria en el Parlamento, que debe aprobar en los próximos días la prolongación del mandato de dicha operación.
«Â¿Estaría bien abandonar nuestra responsabilidad con la comunidad internacional? Os pido comprensión para que siga la misión» más allá del 1 de noviembre, añadió. Japón tiene soldados en el Océano índico que aprovisionan a las tropas internacionales en Afganistán desde el 2001.
Abe destacó la importancia de apoyar a Estados Unidos en ese frente y advirtió de que una retirada tendría un «impacto negativo» en las relaciones con su socio.
Pero el jefe de la oposición, Ichiro Ozawa, se opone categóricamente a la participación de Japón en las «guerras americanas».
Según los sondeos, la mayoría de japoneses prefiere el retorno de las tropas.
Ozawa adelantó que el Senado –que la oposición controla tras las elecciones de julio– bloqueará la renovación de la «ley sobre medidas especiales antiterroristas» que enmarca esa misión.
Abe podría imponer leyes de especial importancia porque su partido todavía domina en la Cámara de Diputados, pero en la práctica deberá contar con la oposición.
Cada vez más criticado, incluso en su propio campo, el primer ministro amenazó el viernes con dimitir si no consigue la aprobación de esa medida.
Este lunes, dijo que no tenía intención de cesar, en este caso por la política interna.
«Soy muy consciente de que hay una corriente de opinión que pide mi dimisión (…) He decidido seguir en el poder porque estoy convencido de que no debemos parar las reformas», declaró.
Los parlamentarios se reunieron en un clima nada propicio al gobierno de Abe, varios de cuyos asesores dimitieron la pasada semana tras verse implicados en nuevos escándalos financieros.
Las salidas de un ministro, dos viceministros y un senador eliminaron los efectos buscados por el jefe del Ejecutivo con su reciente remodelación de gabinete.
Con la opinión pública cada vez más desfavorable a Abe, la oposición puede plantear una moción de censura contra el primer ministro en el Senado con un último fin: forzar a la disolución de la otra cámara y la celebración de elecciones antes del fin de la legislatura (2009).
Numerosos analistas esperan la convocatoria de legislativas antes de fin de año o a comienzos del próximo.