Edelberto Torres Rivas es un abogado, quien además de su formación jurídica, por muchos años se ha dedicado al estudio de las Ciencias Sociales, incluida la Política, no sólo en Guatemala sino en diversas universidades del extranjero, de reconocido prestigio. O sea que actualmente es uno de los académicos del país que cuenta con un ingente acervo de conocimientos teóricos de disciplinas sociopolíticas.
Edelberto Torres Rivas (ETR) es, además, un ex revolucionario que en su adolescencia fue activo militante del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), con sólida conformación ética, impartida en el hogar por su padre, el venerable maestro, compatriota de Sandino, don Edelberto Torres Espinoza.
He recurrido a estos antecedentes, porque debido a ellos, en amplios círculos de la sociedad guatemalteca, la opinión de ETR es aceptada como válida. Y siendo así, es necesario negarle esa calidad respecto a varias aserciones que forman parte de su artículo «Ilusiones socialistas 50 años después» -publicado en elPeriódico, el domingo 9 del presente mes- dedicado a la Revolución Cubana. Dice la verdad al reconocer los inmensos logros de la Cuba revolucionaria en cuanto a educación y salud públicas, así como respecto a la fortaleza del pueblo cubano y de sus autoridades para soportar el embargo económico de los Estados Unidos de América, pero tergiversa el acontecer de la práctica política del Gobierno revolucionario y del Partido Comunista cubano.
Lo que yo tenía pensado señalarle a gran parte de falaz texto de su artículo ya está dicho por nuestro paisano Carlos Figueroa Ibarra en «Carta abierta al Colectivo la Gotera a propósito de Edelberto Torres Rivas y Cuba» (Leer La Hora -Tribuna, no mostrador- del lunes 17 de este mes). Sin embargo, con perdón al compañero Figueroa Ibarra, a continuación, reiteraré varios de sus juicios, también de mi magín y ética política, antes de conocer los suyos.
ETR se empeña en comentar episodios del quehacer gubernamental en Cuba como si fuesen actos deliberados de autoritarismo totalitario y de corrupción del socialismo, enjuiciamiento que, junto con los demás a que me referiré, conducen al desprestigio del gobierno de Cuba y de su socialismo.
ETR, quien conoce teórica y personalmente lo que es el imperialismo estadounidense, (al cual ahora casi nunca alude), no lo toma en cuenta para explicar sus acerbas observaciones a medidas de seguridad nacional que ha debido tomar el Estado cubano, y también a inconvenientes que no se han subsanado y que afectan a la población. Irresolución, que ETR se la imputa al gobierno revolucionario cubano, ocultando al causante real, el constante acoso mediático, económico, político, militar e intervensionistas, del vecino Imperio Medidas e inconvenientes, tales como:
Primero. Las colas que los consumidores o usuarios tienen que hacer para adquirir artículos de primera necesidad o servicios públicos.
Segundo: El supuesto deseo de cubanos descontentos que desean huir de Cuba, cuando se trata de una minoría de personas, generalmente alineadas por las prédicas sobrantes y subversivas del Imperio.
Tercero: La imputación al régimen revolucionario de marginción de la juventud de las funciones públicas de alta responsabilidad en el Estado, la cual no se ajusta a la verdad, como lo prueba Figueroa Ibarra dando los nombres de Carlos Lage, Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Estado, es decir, Primer Ministro, Abel Prieto, ministro de Cultura, Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores y Carlos Valenciaga., Secretrario Ejecutivo del Presidente de Estado.
Al respecto es bueno que ETR no olvide que más del 80% de la población cubana ha nacido después del triunfo de la Revolución, o sea que no excede los 50 años. Cuarto. ETR afirma que en Cuba «no toleran la disidencia política y los Comités de Defensa de la Revolución continúan sus rondas nocturas, arrastrando desaliento, con la voluntad extraviada de vigilarse mutuamente». Quien esto escribe vivió siete años en Cuba y perteneció al CDR e hizo guardia con su difunta esposa María Teresa Carrillo López, y jamás se vigilaba a los vecinos, sino el orden público que pudiera ser violentado por delincuencia común, o por algunos agresores de yanquilandia, porque no habían amenazas contrarrevolucionarias en la Isla, como sí en Nicaragua en donde también, solidarios con el pueblo sandinista, cumplimos con el deber de defensa de la Revolución comandada por el FSLN.
Quinto: ETR dice: «Toda política produce disidentes. Aquí (refiriéndose a Guatemala) a los rebeldes los asesinó el Estado, por ello disgusta que allá (es decir, en Cuba) los confundan con agentes de la CIA y se pudran por 20 aós en la cárcel».
Es sarcástica esa comparación, ¿cómo puede llamar rebeldes en igual grado de legitimidad política a los gusanos cubanos contrarrevolucionarios con los guatemaltecos que han luchado por cambiar el sistema político militarizado, plutocrático, deshumanizado, explotador de su pueblo y sirviente del Imperio, con el sistema socialista cubano que eliminó la clase dominante de la burguesía y mantiene la independencia de Cuba, y provee en la medida de sus posibilidades el máximo de atención a las necesidades del pueblo, a pesar de los impedimentos que el imperialismo monta a diario contra el libre desenvolvimiento de la economía cubana?.
Aunque ETR no está de acuerdo con el régimen político actual de Guatemala, alude al mismo considerándole propio de una democracia. Democracia, ¿sólo porque cada cuatro años hay elecciones?
En fin, ETR, se manifiesta, en su artículo, como un defensor de la libertad, Pero de la libertad de los burgueses y de sus secuaces y no del proletario y desposeído. Olvida la sabia reflexión del político revolucionario Francés, del siglo XVII, Juan Pablo Marat, quien partiendo de la realidad opresiva y represiva de un estado gobernado por la clase de ricos egoístas, se preguntó: «Â¿De que sirve la libertad política para los que no tienen pan?. Sólo tiene valor para los teorizantes y los políticos ambiciosos».
Al parecer, negando su pasado, ahora ETR está convirtiéndose en el tipo de intelectuales descritos en el VII Seminario Académico en la Facultad de Ciencias Económicas (1992), de la siguiente manera: «Siempre serán parte de los llamados «intelectuales orgánicos», ya que son clases auxiliares, creadoras y reproductoras de la hegemonía: necesarias e indispensables, pero subordinados a los bloques dominantes de la sociedad civil y política». O como el intelectual de quien trata Mario Roberto Morales en un artículo que publicó el 24 de octubre de 2004, en el que apunta: «El concepto del intelectual que se tiene es que éste esté metido en un Think Tank y que le dé ideas a las transnacionales sobre mercadeo. El concepto en el tercer mundo es el intelectual de FLACSO, de ASIES, es decir, de mercenarios del intelecto. Son intelectuales a sueldo que investigan líneas impuestas por los organismos de cooperación internacional».
¿Será por su desempeño en el PNUD, que ETR ya no le preocupa el imperialismo y sí el socialismo de Cuba?