A un año, persisten dudas


FOTO LA HORA: RAFA SALAFRANCA/AFP 

Los miembros del Ejército colombiano fueron rescatados de las FARC luego de una operación de infiltración en el grupo guerrillero.» title=»FOTO LA HORA: RAFA SALAFRANCA/AFP 

Los miembros del Ejército colombiano fueron rescatados de las FARC luego de una operación de infiltración en el grupo guerrillero.» style=»float: left;» width=»250″ height=»154″ /></p>
<p>La «Operación Jaque», con la que el Ejército colombiano propinó el 2 de julio de 2008 el más duro golpe a la guerrilla de las FARC en sus 45 años de historia, permitió el rescate, sin un solo disparo, de 15 de sus más preciados rehenes, pero un año después sigue generando dudas.</p>
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La ceremonia para recordar a los militares muertos en cautiverio por parte del ejército colombiano, además de celebrar el rescate de  varias personas entre ellas Ingrid Betancout.» title=»FOTO LA HORA: RAFA SALAFRANCA/AFP 

La ceremonia para recordar a los militares muertos en cautiverio por parte del ejército colombiano, además de celebrar el rescate de  varias personas entre ellas Ingrid Betancout.» style=»float: left;» width=»250″ height=»155″ /></p>
<p>Desde que el Gobierno anunció el éxito de la operación, ésta fue presentada como «limpia» y «perfecta»; incluso así­ lo ratificaron los recién liberados, pero pocos dí­as después se conocieron hechos que pusieron en tela de juicio esos calificativos y que aún despiertan suspicacias.</p>
<p>Los primeros debates sobre la forma en que se llevó a cabo la operación, corrieron por cuenta de un video en el que se reveló que para la misma fueron plagiados los emblemas del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y del canal multiestatal venezolano Telesur, hechos inicialmente negados por el gobierno del presidente ílvaro Uribe.</p>
<p>Aunque el Ejecutivo aceptó luego la utilización de esos sí­mbolos y buscó minimizar la situación, la suplantación llevó a un enfrentamiento con el organismo internacional, que finalmente se superó tras las disculpas del Gobierno argumentando razones humanitarias para su empleo.</p>
<p>Entre tanto el Secretariado (dirigencia) de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) asumió el golpe pero aseguró que los dos custodios de los rehenes, Gerardo Aguilar (alias César) y Alexander Farfán (alias Gafas) recibieron dinero del Gobierno para permitir el rescate.</p>
<p>Aunque los dos guerrilleros rechazaron la acusación, en septiembre de 2008, poco después de renunciar a sus cargos, sus abogados defensores denunciaron a periodistas que antes de la «Operación Jaque» hubo una negociación.</p>
<p>«Por debajo de la mesa, antes de la operación, hubo negociación por parte del Gobierno y las personas capturadas», aseguró Rodolfo Rí­os, quien junto a Eduardo Matí­as, defendí­a a los rebeldes.</p>
<p>Los letrados manifestaron que Aguilar y Farfán estarí­an negociando con Estados Unidos y aseguraron que éstos les «habí­an mentido sobre lo que verdaderamente sucedió en toda la Operación Jaque», razones que los llevó a renunciar a sus funciones.</p>
<p>Este año, Washington pidió la extradición de los dos guerrilleros, pero la Corte Suprema de Justicia de Colombia sólo autorizó la de «César» por el delito de narcotráfico y no por el de secuestro, como lo planteó el pedido.</p>
<p>La posible participación de Estados Unidos en la operación también entró en el debate, pero igualmente fue negada por el gobierno colombiano.</p>
<p>Estados Unidos, a través de su embajador William Brownfield, aseguró que su paí­s sólo colaboró con inteligencia técnica y de comunicaciones, y afirmó que fue enterado de que se realizarí­a la operación apenas dos semanas antes de que se llevara a cabo.</p>
<p>Aunque «Jaque» ha sido presentada como la operación más contundente llevada a cabo contra las FARC, analistas señalan que si bien en su momento fue un gran golpe contra el grupo rebelde porque le arrebató su más preciado botí­n, a largo plazo no significó nada para cambiar el curso del conflicto armado del paí­s.</p>
<p>«La Operación Jaque es una anécdota dentro del conflicto, en el sentido de que no cambió, de manera sustancial, la posición de los diferentes actores enfrentados, como lo han demostrado los hechos un año después», dijo el analista e internacionalista Juan Carlos Eastman, de la Universidad Nueva Granada de Bogotá.</p>
<p>Si bien con «Jaque» fueron rescatados 15 rehenes, entre ellos la ex candidata presidencial colombo-francesa Ingrid Betancourt, tres estadounidenses y 11 militares y policí­as que las FARC intentaban canjear por 500 rebeldes presos, tres de ellos en Estados Unidos, aún quedan en su poder 22 uniformados a los que insisten en intercambiar por sus hombres encarcelados.</p>
<p>Uribe se niega al canje y ha urgido en varias ocasiones a las Fuerzas Militares para que avancen en el rescate de los secuestrados, lo que es rechazado por familiares de los rehenes y diversos sectores sociales.</p>
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BETANCOURT ¿Un í­cono caí­do?


Fue autora de superventas antes de convertirse en el sí­mbolo del sufrimiento de los rehenes de las FARC. Adulada, propuesta para el Premio Nobel de Paz, Ingrid Betancourt se enfrenta desde su liberación a crí­ticas, juzgadas injustas por sus simpatizantes que destacan su «coraje».

Tras seis años de secuestro por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas), la franco-colombiana, rescatada el 2 de julio de 2008, recorrió el mundo al encuentro de dirigentes, copó las revistas sociales y recibió múltiples honores, en particular, el premio Prí­ncipe de Asturias de la Concordia 2008, el más prestigioso de España.

Fue recibida por el Parlamento Europeo, el papa Benedicto XVI y numerosos jefes de Estado en América Latina en una gira relámpago que realizó poco después de recuperar la libertad gracias a la exitosa «Operación Jaque» del Ejército colombiano.

Con el paso de los años, esta ex candidata a la presidencia de Colombia habí­a pasado a ser fuera de su paí­s un í­cono que empezó a darse a conocer en 2002 gracias al éxito de su libro «La rabia en el corazón», donde denuncia particularmente la corrupción de la clase polí­tica colombiana.

«Formaba parte de millares de lectores impresionados por el valor de esta mujer que denunció la corrupción y deseaba el fin del conflicto» (armado colombiano), declaró a la AFP Hervé Marro, vicepresidente del antiguo Comité de apoyo a Ingrid Betancourt (CSIB).

Una gran imagen suya fue colocada en la plaza de la alcaldí­a de Parí­s, y el conjunto de los candidatos franceses a la presidencia de 2008 se comprometieron a trabajar por su liberación, encabezados por Nicolas Sarkozy.

También abrazaron esa causa los mandatarios de Venezuela, Hugo Chávez; de España, José Luis Rodrí­guez Zapatero; y de Argentina, Cristina Kirchner; entre otros.

«Gracias a Ingrid Betancourt el problema de los rehenes en Colombia se conoció en el mundo entero», dijo Adair Lamprea, quien fue el director logí­stico de su campaña y uno de los militantes más activos para su liberación.

Pese al padecimiento de su secuestro, en Colombia Betancourt nunca fue vista como la «Juana de Arco», como sí­ ocurrió en el exterior.

«Tení­a una imagen farandulera y oportunista que se habí­a borrado por el cautiverio», señaló Fabián Sanabria, director de la facultad de Sociologí­a de la estatal Universidad Nacional de Colombia, en declaraciones.

«Con su liberación hubo un enorme entusiasmo, pero lo peor que hizo fue no quedarse en Colombia. La gente se sintió ofendida, eso da mucha «rabia en el corazón» en un paí­s pobre como Colombia», añadió el catedrático.

El mito de Betancourt también se resquebrajó con el libro que publicaron en marzo pasado los estadounidenses Keith Stansell, Marc Gonsalves y Tom Howes, compañeros de cautiverio también liberados con ella, en el que la califican de «arrogante» y «egoí­sta».

Un mes más tarde, Clara Rojas, su antigua directora de campaña electoral revelaba su decepción de Ingrid en su libro, «Cautiva», donde la acusó de no haber sido la hermana que esperaba durante los años de secuestro.

«Ya nadie cree en su caridad», sentencia el sociólogo Sanabria.

Pero para Marro, esos libros fueron publicados por «editoriales buitres que empujan a sus plumas para que alcancen grandes ventas».

«Hay cosas que debí­an permanecer en la selva», considera Lamprea, quien defiende el derecho de la colombo-francesa a «descansar y no participar en actos».

Ingrid Betancourt dirá quizá su verdad en el libro que prepara sobre sus seis años en manos de las FARC.