Han transcurrido seis años desde los atentados en Nueva York y contra el Pentágono. Las imágenes de las Torres Gemelas derrumbándose se convirtieron en un icono del Siglo Veintiuno, para que las emociones más elementales afloren y las pongan al servicio de intereses oscuros. No permitamos que esas imágenes nos capturen, ya que debemos avanzar hacia una conciencia más profunda.
A seis años de la tragedia, aparece una perspectiva precisa de la situación, la cual conduce a preguntarnos: ¿Cuáles fueron los efectos reales de los atentados? ¿Quiénes se beneficiaron? Las compañías petroleras se lanzaron al expolio de los recursos naturales de Irak y Afganistán. La poderosa industria armamentista logró definir un ’enemigo invisible’ que puede servirles de coartada para sus pingí¼es negocios. Israel ha justificado su derecho para continuar con los asesinatos selectivos y las matanzas de civiles, al identificar perversamente la resistencia del pueblo palestino con el ’terrorismo islámico’.
La ultraderecha evangélica norteamericana ?con tantos adeptos en Guatemala?, apoya las invasiones como los medios para la destrucción del Islam y la imposición del cristianismo en el mundo árabe. Las guerras de agresión, organizadas antes de los ataques, han sido aceptadas por un público insensible ante el dolor de iraquíes y afganos.
Alrededor del planeta han proliferado leyes contra el terrorismo, impropias del Estado de Derecho, impulsadas por los «libertarios», los serviles «intelectuales» del imperio y que en nuestro país tienen como caja de resonancia a la Universidad Francisco Marroquín.
Los valores políticos han sido desvirtuados, de tal manera que la guerra es la «pax americana» y el terror el basamento de la democracia liberal. Violaciones de mujeres iraquíes; asesinatos de civiles inocentes; ergástulas secretas donde se tortura a meros sospechosos, detenidos sin necesidad de pruebas, testigos, tribunales o abogados. ¡No olviden Guantánamo! Mientras mantienen un campo de concentración donde el poder ahoga toda disidencia, los sepulcros blanqueados vociferan contra el autoritarismo cubano. Falsas operaciones antiterroristas para detener a musulmanes por el simple hecho de serlo, para mantener viva entre la opinión pública la amenaza que justifica la persecución de nuevos inocentes.
La llamada ’lucha contra el terrorismo’ ha sembrado la destrucción y el odio, con lo que han propiciado el caldo de cultivo para nuevos ataques, frente a un público permanentemente anestesiado por los medios masivos de comunicación (y de desinformación). Los atentados de Londres y de Atocha evidenciaron la naturaleza de las réplicas inevitables. La violencia engendra violencia. A seis años persisten los intereses en que todo siga como estaba previsto desde hace mucho tiempo.