El escándalo que ha provocado la difusión del vídeo grabado por el abogado Rodrigo Rosenberg ha desplazado de las páginas informativas a otras noticias que habían estado en primera plana durante varios días o semanas, como el caso de la gripe A H1N1 y los comentarios  acerca  del sacerdote católico Alberto Cutié besando y acariciando a una mujer en Miami Beach.
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   En torno al asunto del llamado Padre Cutié, he leído decenas de opiniones por medio de la Internet, y la mayoría de los comentarios son condenatorios, especialmente porque se trata de un religioso que cobró celebridad por sus intervenciones en programas de radio y televisión, en los que aconsejaba a matrimonios y a jóvenes de uno y otro sexo en edad de contraer nupcias, a lo que se agrega que es un hombre muy atractivo por su estatura y sus agradables facciones. Dicen, pues.
  A mí lo que más me llamó la atención fue la falta de prudencia del sacerdote Cutié, en lo que se refiere a no tomar ninguna precaución para que no lo vieran acompañado de una guapa mujer, sino que se exhibió abiertamente en una playa pública y en actitudes corporales comprometedoras, como si pretendiera que su romance fuera descubierto y ventilado públicamente.
  Entre los criterios escritos al respecto a este asunto, algunos con aires de superioridad por parte de sus autores y otros con notorios matices de frivolidad, me interesó el publicado por Raul Benoit, quien señala que en vez de escandalizarse por el idilio del padre Cutié con una guatemalteca, el caso debe servir de reflexión para analizar el celibato de los sacerdotes católicos.
  Con acierto -según mi parecer-, afirma que el voto de castidad es un anacronismo en la Iglesia Católica que, además, no fue una recomendación de Jesús, sino una imposición posterior de jerarcas que en el siglo XI acomodaron las normas a intereses del poder político y económico; y no es una doctrina dictada por la Biblia sino una disciplina de carácter personal.
  Mantener el celibato obliga a muchos curas a convertir sus amores y las tentaciones que surgen debajo de la sotana en pasiones clandestinas -advierte el periodista Benoit-, que perjudican mucho a la Iglesia Católica, y sentencia que todos aquellos que han puesto el grito en el cielo por las debilidades del padre Cutié, quien tiene derecho a ser feliz, deberían tirar la primera piedra si son capaces de hacerlo.
  (Un joven enamorado le pregunta al sacerdote Romualdo Tishudo: -Padre ¿Conviene que uno se case? El cura responde: -Depende. -¿Por qué? Insiste el muchacho? El clérigo repone: -Porque podría ser que el matrimonio sólo serviría para resolver problemas que el hombre nunca hubiese tenido de haber permanecido soltero).