El periplo del mandatario estadounidense, la primera y última jornada de relaciones públicas de Washington hacia Latinoamérica, bajo la égida republicana, que ya le tiene en Sao Paulo, Brasil y que habrá de llevarle a continuación a Uruguay, Colombia, Guatemala y México, es a pesar de todo, una oportunidad valiosa para que el país le saque raja y de refilón, hasta el gobernante gringo se lave la cara un poco frente al mundo desarrollado y sus propios ciudadanos.
Las agencias noticiosas y los primeros análisis del viaje, dan cuenta de los dos grandes propósitos de la agenda particular del jerarca procedente de la Casa Blanca. Estos son, uno económico y otro político. El propósito económico gira entorno a la promoción del etanol como combustible alterno y generador de nuevas opciones de intercambio hacia la región. El político alrededor de la neutralización de la influencia de Hugo Chávez en el continente.
Los dos temas tienen lazos de conexión con muchas aristas. La creciente demanda de combustibles es el punto convergente entre ambos propósitos del jefe de Washington. Si se incrementan las inversiones para promover la producción de etanol y éste ocupa un espacio cada vez más importante en el consumo de combustibles, el petróleo en general y el venezolano en particular, vendrá paulatinamente a una menor influencia.
Como le podemos sacar provecho a la visita del próximo domingo y lunes. Primero. Con todo respeto, a mi juicio, cualquier planteamiento sobre un trato humanitario para nuestros connacionales en la unión americana, ahora ya está fuera de contexto. El halo de influencia del Ejecutivo sobre el Congreso y el Senado norteamericano es precario en extremo. Habría que plantearse visitas a los representantes de ambas cámaras y a partir de este punto demandar aspectos concretos y susceptibles de beneficiar realmente a nuestros guatemaltecos migrados.
Segundo. Si las autoridades guatemaltecas se conforman con las expectativas alrededor del etanol, únicamente se volverá a beneficiar al sector agroindustrial de tan ancestrales concesiones, ventajas y prebendas ofrecidas por el Estado. Entonces puede explotarse el enorme potencial de nuestro manto forestal.
Aquí está el quid de la ventaja mutua. Las autoridades guatemaltecas podrían plantear una reactivación del Programa de Implementación Conjunta mediante el cual se «comprara» oxígeno por unidades arbóreas en nuestro territorio. De paso, al haberse obstinado Washington a no suscribir el Protocolo de Kyoto y con ello no implementar acciones tendentes a la reducción de la emisión de gases promotores del efecto invernadero, con una reactivación como ésta se lava la cara.
Ello más allá de la cesión de deuda por 24 millones de dólares anunciada el año pasado. Este sería un importante paso en la generación de una fuente permanente de ingreso de divisas y una acción que habrá de generar incentivos en otras direcciones en pro de la preservación del medio ambiente y condiciones de vida menos contaminada.
El tipo en su obcecación no promoverá la salida de los soldados estadounidenses de la invasión del Medio Oriente. Se puede protestar por ello y hay que hacerlo. Pero la oportunidad de sacarle raja a la misma en los alicaídos gobiernos en esta etapa de sus respectivos mandatos, no habría que dejarla pasar, ni tampoco habría que arrodillarse en señal de agradecimiento por su visita.