Inmanuel Wallerstein, enfoca desde un interesantísimo artículo el dominio del siglo XXI. ¿A quién realmente pertenecerá?
El autor detalla en un análisis historiográfico procesos de cambio que se experimentaron a lo largo del siglo XX pasando por procesos como la descolonización de ífrica y Asia, el surgimiento de movimientos políticos como el fascismo y el comunismo, la expansión de la economía post segunda guerra mundial y desde esta perspectiva entender el florecimiento de un imperio al cual el propio Wallerstein le ve poco mas de 25 años de hegemonía.
Compartir los pensamientos de Wallerstein puede resultar fácil si dimensionamos que en los últimos tiempos la Gran Nación Americana nos ha venido evidenciando, más allá del crecimiento espectacular de la China e India, que su decadencia social, política, económica y hasta militar es cada vez más evidente.
Simplemente al llegar en un vuelo procedente de Asia a un aeropuerto de los Estados Unidos, como recientemente tuve la oportunidad de hacerlo generar una profunda decepción, contrasta el orden con el caos y la amabilidad con la arrogancia entre otros. Las condiciones de vida de Norteamérica a mi juicio han experimentado un notable descenso que se percibe notoriamente, quizás no cuando se llega de sur a norte sino cuando de viaja de este a oeste.
Más allá de generar una crítica o realizar un análisis del nivel de vida de los Estados Unidos que sigue indudablemente siendo de primer mundo comparado con otras naciones, pretendo modestamente dimensionar la importancia que para naciones como la guatemalteca pueda tener el generar alianzas estratégicas de cara al siglo XXI.
Resulta por lo tanto indudable que nuestra agenda de política exterior debiera de contemplar lo que he sostenido en reiteradas oportunidades: diversificación de socios políticos y comerciales sin sacrificar amigos (China – Taiwán, Israel y el Mundo írabe), eso requiere de una profunda habilidad política y diplomática, de un estudio minucioso de las redes de política internacional que se tejen día a día, requiere de estrategias de mediano y largo plazo de continuidad en planteamientos positivos y del fortalecimiento de nuestra presencia en el ámbito internacional que nos permitan postular a candidaturas sin el favor de padrinos.
Wallerstein finalmente enfoca sus pronósticos hacia el Asia lo mismo que hacen la mayor parte de analistas, ver al oriente no es descabellado. La relación con China continental es provechosa, la apertura de contactos directos con la India puede ser un primer paso, la estrategia de inversión con Oceanía puede ser parte de la fórmula. Lo importante aquí es determinar si al nacer un nuevo imperio en Asia estaremos capacitados para evitar una relación de sujeción. Ninguna nación puede imponernos por pequeño que sea nuestro peso en el contexto internacional condiciones, con quién si podemos, con quién no podemos tener contacto diplomático o comercial, esa es potestad de Estado que no se hipoteca ni mucho menos se vende.