A quien honor merece



El periodismo cultural en Guatemala ha cometido históricamente un vicio, y es el de enaltecer a casi cualquier persona, evento o publicación del ámbito cultural.

En periódicos o revistas, en programas radiales o televisivos se emiten opiniones bastante favorables sobre estos eventos, y en casi ninguno se critica negativamente.

Por ejemplo, las opiniones referentes a libros usualmente están encaminadas a favorecer la compra por parte del lector; frases como: «excelente libro», «impecable redacción», «historia muy amena» o «texto fundamental para la literatura», son comunes.

También, cualquier personaje del mundo cultural merece el epí­teto de artista, y se glorifican sus cualidades, que, en dado caso no tenga ninguna, se le puede otorgar las de «obrero de la cultura», «incansable buscador del arte» o «de larga trayectoria artí­stica», sin que esto signifique, realmente, decir que es artista.

Si se trata de algún evento artí­stico, casi siempre se alaba, especialmente cuando éste ya fue realizado; y si está por llevarse a cabo se dice que será un espectáculo «que usted no puede perderse», como si eso fuera argumento suficiente para recomendarlo.

En consecuencia, el problema con esta práctica es que cuando surge un artista que realmente valga la pena, o un libro o un evento que de verdad sea una obra de arte, ya no hay palabras para hacerle entender esto al público.

Decir que realmente es un excelente poeta o músico, o que es un libro o espectáculo francamente recomendable, sonará como los otros que, a pesar de haber sido enaltecidos, no valieron la pena.

Diario La Hora, siguiendo su filosofí­a de ser «tribuna, no mostrador», presenta en el artí­culo central de este suplemento a uno de los mejores escritores de Guatemala: Otto-Raúl González, esperando que aún haya palabras para dar honor, a quien honor merece.