A raíz del fracaso del viaje del presidente ílvaro Colom a Cuba, medido por la incapacidad del Ministerio de Relaciones Exteriores de sopesar serena y objetivamente todas las circunstancias que podrían incidir en el eventual encuentro personal entre el mandatario guatemalteco y el comandante Fidel Castro, que finalmente no se concretó y que se ha tomado como un chasco para la política exterior del gobierno de Guatemala y un desaire al propio Colom, se han publicado una serie de despropósitos acerca de la guerra interna de 36 años de duración.
eduardo@villatoro.com
Columnistas de conocida tendencia ultraderechista han llegado a escribir disparates tan monumentales que de no ser por la seriedad del asunto, moverían a provocar hilarantes carcajadas, sobre todo porque no tienen ningún sustento documental ni una perspectiva relativamente sensata.
Entre los desatinados criterios que han expuesto algunos de estos apasionados defensores de la oprobiosa y permanente intervención de Estados Unidos en Guatemala, que se evidenció con toda su crudeza con la invasión al territorio nacional por una banda de mercenarios organizada, financiada y dirigida por la siniestra Central de Inteligencia (CIA) en 1954, algunos de esos neofascistas y trasnochados articulistas han llegado al extremo de aseverar que la guerra interna fue deliberadamente provocada por el gobierno revolucionario de Cuba.
Ignoran o pretender desconocer esos apologistas de la derecha que el movimiento insurgente se originó por el descontento de jóvenes oficiales del Ejército ante la corrupción generalizada en las altos mandos de la institución armada y cuya rebelión se extendió a amplios sectores obreros, campesinos, universitarios y otros grupos más, a causa de la represión militar y por haber cerrado los pocos espacios de opinión a sectores políticos democráticos que no habían optado por la lucha armada, con la quimera de alcanzar el poder por la vía electoral, que prontamente los gobiernos autoritarios se encargaron de suprimir mediante la intimidación, las amenazas y los descarados fraudes en las mascaradas de consultas electorales.
Para conocimiento de las actuales generaciones que no tuvieron el infortunio de vivir la guerra interna, traigo a colación algunos datos incluidos en un valioso documento de la organización Impunity Watch, que señala que entre 1960 y 1996 Guatemala vivió uno de los enfrentamientos armados más violentos y horrendos de América Latina, estimándose que el saldo de muertos y desaparecidos llegó a más de 200 mil personas.
Trae a cuenta que la Comisión para el Esclarecimientos Histórico, en su momento, dio a conocer que como parte de la estrategia contrainsurgente implementada por el Estado de Guatemala se cometieron desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, violaciones sexuales de mujeres, así como genocidios contra grupos indígenas mayas, porque, como parte de su estrategia, el Ejército de Guatemala identificó a los grupos mayas como aliados de la guerrilla y enemigos internos, por lo que eliminó a líderes comunitarios, cometió masacres y actos criminales contra hombres, mujeres y niños, así como torturas y actos crueles, inhumanos y degradantes para aterrorizar a la población y destruir la cohesión social.
 Esa misma Comisión estableció como causas profundas del enfrentamiento armado, no una supuesta injerencia cubana en los asuntos internos de Guatemala, sino «la injusticia y la desigualdad estructural que existen históricamente en el país, el racismo contra el pueblo maya, la profundización de una institucionalidad excluyente y antidemocrática, así como la renuencia del Estado a impulsar reformas sustantivas que pudieran reducir los conflictos estructurales». Toda esa tragedia colectiva estaba encuadrada en la Guerra Fría, el anticomunismo y la doctrina de la seguridad Nacional promovida por el gobierno de Estados Unidos en la región centroamericana.
Es cierto que el canciller Haroldo Rodas y el propio presidente Colom procedieron como neófitos y cándidos políticos en su viaje a La Habana; pero de eso a que la guerra interna de Guatemala fue causada por el gobierno revolucionario de Cuba hay un océano de distancia.
(Romualdo Tishudo cita a Napoleón: «Una cabeza sin memoria es una plaza sin guarnición»).