Si en algún campo se ha mantenido la política de implementar chapuces ha sido en el del transporte urbano y consecuencia de ello es el desastre en el sistema caracterizado simple y sencillamente por la condición calamitosa de las unidades, la inseguridad existente en todas las rutas y la absoluta ausencia de capacitación de los pilotos, lo que repercute en que el usuario tenga que vivir un auténtico calvario para transportarse diariamente.
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Siempre se dice que en las crisis es que puede surgir el ingenio para producir grandes remedios, pero obviamente en el tema del transporte no hay ni interés ni planificación para actuar de acuerdo con una política que ponga fin a los chapuces. No tienen en absoluto la menor idea de cómo implementar un sistema de transporte efectivo que pueda prestarse a costo razonable para los vecinos y por ello tenemos como únicas «salidas» el subsidio o el aumento a la tarifa, pero sin que se considere el diseño de políticas que repercutan en la calidad del servicio y que antepongan el interés del usuario.
El Gobierno, según dijo el Vicepresidente, considera que los transportistas con el subsidio todavía están cubriendo sus gastos y ello puede ser cierto pero es muy difícil establecerlo a plenitud porque no funcionan verdaderas empresas que utilicen métodos de administración modernos que permitan establecer fácilmente la estructura de costos. Para empezar, se sabe que a los pilotos no les pagan sueldo sino les cobran una cuota diaria, y el resto que ingrese es lo que constituye el emolumento para el conductor y su respectivo brocha. Técnicamente hablando en Guatemala no existen empresas de transporte urbano y por ello fue que se hizo tan difícil en su momento implementar la remodelación de rutas y el dividendo único que tenía que acompañar esa medida, puesto que siendo el caso de que lo que tenemos son dueños de unidades que se asocian en las mal llamadas empresas para explotar las rutas, no se puede pensar siquiera en la modernización del servicio porque nunca hay provisión para reponer unidades, para mejorar condiciones para el usuario si todo se maneja con criterio de tienda de barrio en el que el pisto del día va a la bolsa sin control alguno.
Lo cierto del caso es que en las actuales condiciones y a falta de planificación digna de tal nombre en la Municipalidad, no tenemos otro recurso que limitar el debate sobre el problema de transporte al tema de la tarifa o del subsidio y para ello hay que ver que en materia de costos la mejor información disponible fue la que recolectó la multisectorial del transporte que al final de cuentas terminó siendo apenas un ejercicio inútil.
Más de veinte años de continuidad de las políticas en la Municipalidad no sirvieron en materia de transporte más que para subir tarifas, crear la corrupta experiencia de los tomates y ahora probar con el Transmetro que se limita a una ruta con todo y sus consecuencias para los que no usan el servicio. Pero no hay ni la menor idea de qué hacer con el problema y por ello lo endosan al Gobierno que no está preparado para hacer nada al respecto. En otras palabras, pareciera que no hay otro remedio que caer en los chapuces, esos mismos que según la propaganda oficial se han terminado.