Está visto que cuando algo no nos guste, de ahora en adelante bien podríamos calificarlo de exageración, tal como lo hizo el Presidente de la Corte Suprema de Justicia al referirse a lo dicho por Carlos Castresana de que nuestro sistema judicial está en crisis, equiparándolo a un enfermo terminal sin que los médicos tratantes tengan los medios para salvarle la vida. Con ese mismo criterio, también podríamos calificar de exagerado a quien ose poner en duda que hubo intencional filtración de información, lo que hizo frustrar en el primer intento la captura del ex presidente Portillo, aunque fuera exhaustivamente preparada, con cerca de setenta y dos horas de anticipación el allanamiento de cuatro sitios en la capital y en el departamento de Zacapa.
De igual manera, bien podría pensarse que es una exageración el hecho de calificar como anticipada la propaganda electoral, cuando de un tiempo a esta parte el presidente Colom se hace acompañar de su señora esposa, rodeada de un buen equipo de fotógrafos y camarógrafos cuando participan en eventos en que, aunque fueran simbólicos, se empieza cualquier construcción por pequeña o grande que ésta fuera no digamos cuando se terminan, como para entregar dinero, víveres o cualquier cosa por insignificante que sea. A ese paso, también podrá calificarse de exageración pedirle al Tribunal Supremo Electoral que así, como amonesta a siete organizaciones políticas para frenar su propaganda anticipada, también lo haga con el partido oficial, pues siguiendo al pie de la letra la ley respectiva, solo puede hacerse la misma hasta el momento en que se haga la convocatoria oficial a elecciones.
No me cabe duda entonces que la palabra exageración va a ser sumamente utilizada de ahora en adelante. Y para muestra, baste el botón que acaba de ponerle doña Nineth Montenegro al chaleco del Presidente, cuando éste lo usa a diario repitiendo insistentemente que le hace falta dinero para todo, especialmente para acabar con la impunidad, la corrupción y hacer efectiva su promesa de devolverle la tan ansiada seguridad y justicia que clama la población guatemalteca. ¿Cómo es que se atreven a chantajear al pueblo, diciéndole que si quiere vivir en paz y con tranquilidad deberá pagar más impuestos, cuando doña Nineth, con pruebas en la mano, demuestra que el presupuesto del Ministerio de Gobernación sufrió en el año 2009 una reducción de más de Q575 millones, por tantas transferencias efectuadas?, por otra parte, ¿cómo pueden quejarse de falta de recursos, cuando al finalizar el mismo año por la mala ejecución presupuestaria del gobierno le permitió mandar al fondo común la «bicoca» de Q4 mil millones? Terminando estaba de escribir este comentario cuando se me vino a la mente una célebre frase que leí alguna vez, en alguna parte: «Apenas si basta un siglo para formar un Estado; una hora puede reducirlo a polvo».