Tras haberse reunido ayer con personeros de la Organización de Aviación Civil Internacional -OACI-, oficialmente el Gobierno reconoció que se extralimitaron cuando hace algunas semanas hablaron de malos manejos en las obras de ampliación del aeropuerto La Aurora y de paso pidieron a la entidad extranjera que siga al frente de la obra y que ejecute la segunda fase de la ampliación. Obviamente es un paso correcto reconocer un error y admitir, luego de conocer los informes de la intervención realizada por la Contraloría de Cuentas, que no hay sobrevaloración de los trabajos como se anunció con bombos y platillos.
Sin embargo, y nuestros lectores saben que no somos un medio de los que sirvieron de alfombra al gobierno anterior durante los cuatro años, creemos que para que la medida sea en verdad justa, tendrían que extender las excusas a los funcionarios del gobierno anterior y principalmente al ex presidente í“scar Berger y de manera muy especial a José Manuel Moreno, quien fuera destituido de la Dirección de Aeronáutica Civil en medio de los señalamientos de malos manejos y sobrevaloración de los trabajos.
La remoción del funcionario no se produjo en el marco de los relevos normales por el cambio de gobierno. Lejos de ello, se le mantuvo en el puesto para «investigar el negocio» y tras la intervención de la Contraloría de Cuentas fue destituido en medio de muy agrios señalamientos que hicieron creer a la opinión pública que había mucha podredumbre en el manejo de la ampliación de La Aurora.
El Gobierno ha terminado por reconocer que se les fue la lengua cuando acusaron a la OACI de haber manejado mal los recursos y de sobrevalorar los trabajos de ampliación. Obviamente ese reconocimiento tiene que ser extensivo a los funcionarios del anterior gobierno porque de lo contrario sería un gesto de pura politiquería. Así como han tenido que admitir ante la delegación de la organización rectora de la aviación civil internacional que no tenían fundamento las acusaciones en su contra, deberán hacer lo propio en el caso de los señores Berger y Moreno, cuyos nombres fueron enlodados por los mismos señalamientos que ahora parecen quedar sin ningún fundamento.
Lo que pedimos es simplemente un acto de justicia que, por supuesto, no significa extender un amplio finiquito a nadie, sino simple y sencillamente admitir que todo lo que dijeron en forma ligera respecto a OACI se aplica también respecto a los dos mayores responsables del gobierno anterior en el tema de la ampliación de la Terminal Aérea. Una satisfacción a favor tanto de í“scar Berger como de José Manuel Moreno es el paso que falta si realmente no había nada turbio en el negocio.