A mis contemporáneos


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Digo “contemporáneos” por no decir “sexagenarios”. En todo caso me dirijo a mis amables lectores que ya acumulan más de 60 calendarios en sus armarios. ¡Cáspita! Y es que tanta conmemoración en este año me ha hecho reflexionar que de alguna manera yo fui partícipe de hechos que sucedieron, sí, ¡increíble! hace medio siglo y en este mes de noviembre se demarcan mucho.

Luis Fernández Molina


Hace 50 años en Guatemala estaba inmersa en la guerra fría. Recuerdo cuando niños que nos amonestaban seriamente cuando hacíamos preguntas como ¿quién es Fidel Castro? O el por qué alguna gente gritaba “Viva Arévalo”.  Se vivía un ambiente de tensión por los levantamientos de unas MR-13 y de las FAR. Los medios anunciaban el estallido de bombas en diferentes lugares. Se nos trataba de inculcar que Nikita Kruschev era un personaje malo. Es cierto que casi no había delincuencia y nada de maras pero sí existía un ambiente de zozobra, miedo. En marzo habían derrocado a Ydígoras Fuentes y todos hablaban de Peralta Azurdia cuya residencia estaba al sur del Parque de la Industria.

De otras latitudes, no me enteré, en su momento, del famoso discurso de Luther King (poco se sabía de esa persona) que en este agosto recién pasado cumplió 50 años, discurso que tiempo después conocí, aprendí y admiré; aparecían noticias y fotos de manifestaciones en Alabama, Georgia, Mississippi pero nada más. A lo lejos rememoro la primera plana de los matutinos de la época donde aparecía muy borrosa la foto de unos barcos del bloqueo a Cuba.

Pero sí me recuerdo, como si fuera hoy, del momento en que dieron la noticia del atentado contra John Kennedy. Ya eran vacaciones escolares y estábamos en el segundo nivel de la casa de la zona 4 viendo televisión. Claro, era pantalla en blanco y negro, de alta definición para la época,  con problemas de señal y corrimiento constante de la banda horizontal que había que estar corrigiendo; no existía el control remoto y se podía escoger canal, claro entre los dos que en ese momento daban señal en Guatemala. Muy entretenidos viendo la novela “El Derecho de Nacer” (la versión antigua) cuando interrumpen: “Urgente, urgente, Dallas, Texas, los teletipos informan que el presidente Kennedy ha sido mortalmente herido”. Lo demás es historia. Recuerdo aún las fotos de la juramentación de Johnson en el avión, así como el entierro en Arlington. En ese entonces Oswald era la encarnación del mal. Luego aparecieron las fotos de los alguaciles tejanos con sus sombreros blancos cuando no pudieron detener al asesino Ruby.

Esos fueron años con mucha personalidad, hasta los carros eran muy distintivos. Recuerdo el terror que los hippies despertaban en los guardianes de las buenas costumbres: peludos, fachudos, vagos. Las drogas no habían empezado a azotar a la sociedad como hoy día; el coktail de bienvenida era la mariguana y de plato fuerte el LSD, pero eso era solamente para esos vagabundos hippies. Lo que sí escandalizaba era el amor libre y su expresión llegó a su culminación poco después con Woodstock (¡Aparecían mujeres con los pechos descubiertos! ¡Parejas haciendo el amor en la yerba! Uyyyyy). Mucho escándalo para el buen Papa Juan XXIII que murió en 1963. Recuerdo que mis maestros (hermanos Maristas) pedían oraciones por la salud del Papa.

Buenos mis estimados contemporáneos, de todo eso ya pasó medio siglo, si vivimos todo lo anterior es que ya tenemos nuestros años; lo bueno es que mantengamos bien y viva la memoria y más la ilusión por la vida. No cumplimos 60 años, cumplimos 18 con 42 años de experiencia; no tenemos muchos años, acumulamos mucha juventud.