A la memoria de Manuel Colom Argueta


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En esta fecha, en un día como hoy, hace 34 años, en horas de la mañana fue cobardemente asesinado el licenciado Manuel Colom Argueta. Al igual que en este año, en plena Cuaresma, los esbirros o sicarios como se les dice ahora, al servicio de los más nefastos poderes fácticos, retrógrados y antidemocráticos, consumaron el asesinato. Hasta un matutino de corte conservador le dedicó amplio espacio en su edición de ayer. Quiero compartir parte de la historia del hombre público al que tuve la suerte de contactar en al menos dos ocasiones.

Walter Guillermo del Cid Ramírez
wdelcid@yahoo.com


Los recuerdos, admito con los años ha, se diluyen o no se presentan con total precisión. Pero aquí voy. La campaña política por la alcaldía de la ciudad de Guatemala corría en toda su prisa hacia finales del año 1969. En las afueras del Mercado “San José” en la Quinta Samayoa de la zona 7, en una fría noche de febrero se produjo la citación. Al mitin habría de llegar el licenciado Colom Argueta. Yo, teniendo un poco más de 12 años, me colé entre los primeros patojos al pie de la tarima. Luego de las presentaciones de los otros integrantes del Comité Cívico que postulaba su candidatura, se produjo la intervención del máximo líder de aquel movimiento. Confieso que no recuerdo el contenido de su discurso, pero sí puedo admitir que me erizaron sus palabras en algunos pasajes. Al concluir saludó en general a la concurrencia. Por estar tan cerca le estreché la mano. Nos vimos por una fracción de segundo de manera fija. Sentí un profundo respeto por aquel personaje.

Un año y meses más tarde, siendo él ya Alcalde Municipal de Guatemala, con ocasión de las fiestas de la llamada Independencia, en el mes de septiembre, tuve el honor de representar al Instituto Normal Mixto Rafael Aqueche en el concurso de oratoria convocado para el efecto. De aquella justa de disertantes alcancé el tercer lugar. Al momento de la premiación el “mero, mero” Alcalde, nos felicitó a los participantes en general y a los tres primeros lugares en particular. Nos volvimos a saludar de manera directa. Yo, con mi miopía usaba los anteojos de la moda. Más o menos similares a los de él. Me sonrió y expresó “tiene futuro patojo, tiene madera”. Después dijo algo así como “a ver quién de ustedes se anima y desarrolla una pieza de oratoria para contarnos de la historia de la capital…” El tiempo se encargó de borrar ese momentáneo desafío.

Dos momentos fugaces marcaron mi admiración y respeto por el devenir de este importante personaje de la historia política nacional. Para el mes de marzo de 1979 yo estaba, con otros compañeros, organizando un grupo estudiantil para participar en la conducción de la Asociación de Estudiantes de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala. El resultado de las elecciones, meses más tarde no nos fue favorable. No obstante, en el proceso alcanzamos a hacer ciertos movimientos meritorios de organización y pasamos a formar parte del grupo estudiantil Frente, con vistas a las elecciones hacia el mes de mayo de 1979, para integrar el Secretariado de la prestigiosa Asociación de Estudiantes Universitarios que para entonces había adoptado el nombre de “Oliverio Castañeda de León” en memoria del también asesinado dirigente estudiantil, hecho acaecido el 20 de octubre del año anterior.

Fueron semanas y meses muy difíciles para el ejercicio de la libre emisión del pensamiento. La sola mención de los afanes dictatoriales del régimen militar de turno, bastaba para ser víctima de desaparición forzada, baleado en cualquier punto o en el menor de los casos, “invitado” a abandonar el país por la vía del exilio forzoso. La democracia de entonces era una farsa. De aquel hombre hoy recordado, ha quedado la huella imborrable de una verdadera visión de organización territorial y un fortalecimiento del ejercicio del municipalismo. En tan solo cuatro años se planificaron proyectos cuya vigencia y necesidad han estado más que latentes. En ese corto período se vislumbró una verdadera ciudad capital del futuro que no ha podido concretarse por la incapacidad de quien ahora y durante más de 28 años la ha tenido secuestrada. En su honor, respetado Don Manuel Colom Argueta.