De lo mucho que se ha hablado alrededor del caso Rosenberg ha llamado la atención la participación de jóvenes en las marchas que repudian la muerte del abogado y que exigen el fin de la impunidad. En la red virtual conocida como «Facebook», se abrió un grupo llamado «Guatemaltecos unidos pedimos la renuncia de ílvaro Colom», el cual tiene más de 35 mil miembros.
Pese a que se hayan hecho caracterizaciones de uno y otro grupo de manifestantes, parece ser que la conmoción por el vídeo de Rosenberg, en el caso de la juventud que se ha unido a esta red, es legítima.
En los foros de esta red hay discusiones interesantes. Algunos discuten la posibilidad de convertirse en un movimiento real. Hay quienes hablan de llegar al Gobierno para cambiarlo, mientras otras señalan que lo mejor es convertirse en un grupo de voluntarios sin fines políticos, sin ideologías y en el que «ningún político sucio los controle».
Se han referido también a cómo involucrar a gente del interior -evidentemente hay un predominio de jóvenes de la capital en la red-; aunque hay quienes hacen referencia a la manipulación que desde el Gobierno se hace de «la gente humilde» (así le llaman), y que deben hacerles entender que se les está engañando.
Me gustaría hacer llegar un mensaje a esta juventud que le ha nacido el interés de transformar el país, independientemente que esté por la renuncia o no de Colom, e independientemente de hacia dónde vaya el caso Rosenberg.
Para acabar con la violencia y la impunidad se debe de acercar a las raíces que originan esta violencia y esta impunidad. Les recomendaría analizar la situación económica del país, los sectores que lo componen y las condiciones sociales en las que viven y que han vivido históricamente. Es importante analizar la falta de justicia para quienes cometieron violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado. Se sorprenderían en saber que entre aquellos que bloquean el sistema de justicia están actores políticos -de ahora- que están comprometidos con la represión del pasado.
En cuanto a la forma de organizarse, apoyo a quienes hablan de un movimiento genuino de jóvenes que no involucre a gente comprometida a intereses políticos. Y en ese sentido, no pierdan de vista que el CACIF es una entidad que aunque se mueve en el plano económico, son un sector político, y muy poderoso.
Dicen ser los que generan la riqueza del país, lo cual es relativo, pues hay muchísima gente que subsiste en el campo y produce nuestros alimentos sin necesidad de ellos.
Respecto a las críticas a la población que se supone apoya a Colom por el apoyo material que les está dando, que no se generalice lo de la manipulación. Por muy mísero que les parezca el apoyo que dan, a ellos les sirve mucho porque antes no lo tenían.
No se empecinen en la unidad. Más bien analicen si nos sirve esta democracia representativa. ¿En realidad los diputados nos representan a todos y todas?, ¿o el Ejecutivo?, ¿o el CACIF? Mejor hablemos de democracia participativa, en el que se nos pueda incluir de acuerdo a nuestras características sociales, culturales, ideológicas, etcétera.
A toda la juventud que está buscando un camino, háganle caso al recién fallecido poeta, Mario Benedetti: «No te quedes inmóvil al borde del camino (…) no te salves ahora ni nunca (?) no te llenes de calma; no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo (?) no te quedes sin labios; no te duermas sin sueño; no te pienses sin sangre; no te juzgues sin tiempo.
Hay otro de Benedetti que les llama a ser transgresores: «Â¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo? también les queda no decir amén, no dejar que les maten el amor, recuperar el habla y la utopía, ser jóvenes sin prisa y con memoria situarse en una historia que es la suya, no convertirse en viejos prematuros».