México Distrito Federal es un monstruo que alberga a casi 20 millones de habitantes y engulle anualmente a 12 millones de turistas. La oferta cultural y literaria, el movimiento cotidiano de personas, el desorden, la contaminación del aire, el acento chilango, la variedad culinaria de casa y de calle, son elementos que en conjunto hacen de la Ciudad de México un espacio alucinante y atractivo para visitar e incluso para vivir. Eso explica el carácter cosmopolita de la ciudad. Decenas de miles de extranjeros se han asentado en esta ciudad que a diario soporta la circulación de casi 6 millones de vehículos automotores. Imagínese lo que significan 6 millones de carros, motos, camiones y buses cada día. De esos: 130 mil son taxis y 35 mil son microbuses. Se sabe que esa cantidad de automotores es una de las causas por las que en esa ciudad la contaminación del aire y las enfermedades conexas son elevadas. Difícilmente puede verse el azul del cielo a las diez de la mañana.
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El problema del trasporte público era tal para los años 50 y el crecimiento poblacional tan acelerado, que propuestas de diversos sectores de la sociedad condujeron a la construcción del tren metropolitano subterráneo, conocido como el Metro de la Ciudad de México. En 2006 se reportó la utilización de 4 millones de personas promedio por día de este sistema de trasporte. En 2005 se creó, adicional al Metro subterráneo, el servicio colectivo de Metrobuses, a nivel de calle, que moviliza a otro medio millón de pasajeros y pasajeras al día. ¿Qué sería de esa ciudad sin el Metro y el Metrobus? ¡Inimaginable!
En días recientes se iniciaron los trabajos de construcción en Ciudad de Guatemala del segundo eje del Transmetro. Los críticos del sistema de transporte público municipal, muchos menos en cantidad y en calidad argumentativa de los que esgrimieron críticas, cuando se construyó el eje sur, no se hicieron esperar. Sin embargo, está probada la utilidad, eficiencia y seguridad que ha significado para cientos de miles de usuarios. Sólo en los primeros tres meses de funcionamiento del eje sur, la Municipalidad de Guatemala reportó 5 millones de abordajes a las unidades del Transmetro.
El descontento y oposición principal a este sistema de trasporte público proviene de empresarios de trasporte tradicional que pierden lucro y de conductores de vehículos particulares que se quejan del tráfico causado por las obras de construcción. La Ciudad de Guatemala seguirá creciendo, el parque vehicular en el país es de casi dos millones de automotores, el tráfico a horas pico es desgastante, por lo que las soluciones deben preverse para que sean efectivas ahora y a largo plazo. Por eso el sistema de Transmetro debe completarse e interconectar todos los puntos importantes de la Ciudad en el menor tiempo posible. El trasporte tradicional de pasajeros será complementario al sistema municipal.
Esta medida debe ir acompañada de otras, adoptadas ya en distintas ciudades emergentes, como el programa «Hoy no circula» de la Ciudad de México o la implementación de ciclovías y vías exclusivas para motocicletas, lo cual reduciría el uso de carros particulares y autobuses en gran medida.
Los automovilistas descontentos deben colectivizar el pensamiento, reducir su emisión personas de gases y podrán darse cuenta que usar el Transmetro es una alternativa a su enojo y estrés diario por el lento tráfico cotidiano. Con la ganancia de que siempre en el trasporte público, es posible ganarle minutos al tiempo leer un buen folleto universitario, una novela latinoamericana, la ley de libre acceso a la información, una historieta de Mafalda o para alimentar el morbo viendo fotos sangrientas de un periódico amarillista.