«A este Madrid le sigue faltando un Zidane…»


Paolo Maldini, mí­tico defensor italiano del AC Milan, retirado la temporada pasada se dedica a descansar tras dos décadas en el futbol profesional. FOTO LA HORA: AS.COM

A veces el fútbol te brinda estas oportunidades. Casi una hora de conversación con Paolo Maldini, que abrió las puertas de su casa. Son las ocho de la noche y sus hijos, Danielle y Christian, danzan en pijama por el salón. Y Maldini habla y habla en español: «Mi mujer es venezolana…».


– ¿En qué ha cambiado su vida desde que se retiró?

– Disfruto de mis hijos y de mi esposa. Hago otros deportes, como boxeo y tenis. En realidad, mi principal función es ser taxista de mis hijos, a los que llevo a Milanello.

– ¿Continuarán la estirpe?

– Christian tiene 14 años y juega en la defensa. Y Danielle, con 9, juega como medio.

– ¿Mejor eso a que estudien?

– Ahora, que estudien.

– ¿Usted a qué edad lo dejó?

– A los 16. Y no me arrepiento. Aprendí­ cosas después por curiosidad, por mí­ mismo. Ahora hablo tres idiomas: italiano, español, e inglés.

– ¿Seguirá vinculado al fútbol?

– Me han propuesto algo para la televisión. Incluso he tenido ofertas para entrenar a dos equipos africanos que estuvieron en el Mundial Yo he dicho: «Gracias, pero no puedo».

– ¿Y sus primeros recuerdos de fútbol?

– Cuando mi padre se retiró fue de segundo de Nereo Rocco y yo recuerdo ir con él a Milanello. Y eso siempre suma.

– ¿Fue difí­cil para usted llevar su apellido… Maldini?

– Lo tuve un poco más difí­cil que los demás. La gente hablaba cuando estaba en la cantera, y cuando llegué al primer equipo. Mi padre fue mi entrenador en la Nazionale Sub-21, también en el Mundial del 98, en el que yo fui capitán, y luego en el Milán ¡Era imposible quitármelo de encima! Era muy embarazoso. En un equipo de treinta jugadores, hay por lo menos quince que tienen un problema con el entrenador porque no juegan Imagí­nese mi situación.

– ¿Cuál fue el mejor consejo que le dio su padre?

– í‰l siempre se fió mucho de mis entrenadores. Yo debuté en el Milán con Liedholm, que era muy amigo suyo. Confió mucho en mí­ a pesar de que tení­a 16 años y un apellido importante. Me decí­a: «Tienes que divertirte al jugar».

– ¿Recuerda qué le dijo antes de hacerle debutar en el 85?

– Yo no me esperaba salir, para nada. Dos meses antes de mi debut, él dijo algo de que estaba listo para jugar y se montó una grandí­sima en Italia. Entonces, supo esperar. Y en ese partido, me dijo: «Paolo, ¿dónde quieres jugar, en la derecha o en la izquierda?» (Risas). Y empecé en la derecha. Ese año sólo jugué un partido. Y el siguiente ya fui titular.

– ¿En quién se fijaba cuando era pequeño?

– A mí­ me gustaba mucho la Juventus. Estaba enamorado de la Italia del 78. Habí­a nueve de once de la Juve. Y mi preferido, Cabrini, que jugaba de lateral izquierdo. Cuando empecé en el Milán conocí­ a Baresi, que fue para mí­ un ejemplo de cómo se entrenaba, de lealtad, de fuerza De hablar poco y hacer mucho.

– ¿Cuál fue la aportación de Sacchi al fútbol?

– Cambió todo en el Milán. El método de entrenamiento, de pensar, de atacar Y fí­sicamente fue muy difí­cil.

– ¿Cómo eran sus sesiones?

– Intensas. Yo llegaba a mi piso por la noche destruido. Me quedaba dormido en el sofá a las nueve…

– ¿Sí­?

– ¡Era un lí­o! Todo era muy difí­cil. Entrenábamos la lí­nea de cuatro defensas con el resto de la plantilla atacando. Y habí­a ejercicios en los que se mezclaban petos de seis colores. Psicocinética, le llamaba, para aprender a reaccionar cuando estabas exhausto.

– ¿Cómo recuerda sus enfrentamientos ante el Madrid?

– Para nosotros era el examen más importante. Era decir: «Vamos a hacer historia o no». Además del 5-0, también fue un buen recuerdo para mí­ un Trofeo Bernabéu en el que ganamos 3-0 en 1988 y yo marqué un gol con 19 años.

– Habla con admiración…

– Una vez, en 2002, jugamos la liguilla y Florentino me dijo que me querí­a en el Madrid. Luego, nosotros ganamos la Champions y fue imposible.

– ¿Qué delantero le puso en mayores problemas?

– Maradona fue el más grande, y el Ronaldo del primer año en Italia. Tení­a todo. Y Zidane era una delicia. Lo bordó en España. Eso es lo que ahora le falta a este Madrid, un Zidane.

– ¿Ve a Sergio Ramos mejor de central o de lateral en el Real Madrid?

– Lo que a veces veo en la defensa del Madrid es que no juegan juntos. El central no mira lo que hace el lateral y cosas así­. Con Mourinho ha mejorado un poco, pero los errores que yo le vi al Madrid el año pasado en defensa eran increí­bles. Si Tassotti, Baresi, Costacurta y yo vamos hoy a tomarnos un café nos pondrí­amos en lí­nea y guardando los espacios sin querer. Era algo automático. De tanto que trabajábamos

– ¿Cómo se trabaja eso?

– Es como una filosofí­a. La posición te la da el balón y el adversario. Si lo haces millones de veces ni lo piensas, lo haces y ya está. Ramos tiene fuerza para jugar de lateral, pero tiene que estar más concentrado en el adversario. Cuando uno tiene demasiada fuerza, si no trabaja mucho, puede sentirse capaz de todo, y a este nivel no es así­.

– ¿Y Pepe?

– Yo creo que va a jugar mucho este año, pero también se tiene que asentar. Entiendo que en ocasiones están dos o tres contra el mundo y que no es una sensación muy buena para un defensa. Pero ambos tienen que pensar más.

«Si Tassotti, Baresi, Costacurta y yo vamos hoy a tomarnos un café nos pondrí­amos en lí­nea y guardando los espacios sin querer.»