A escena los grandes desfiles militares soviéticos


Después de 18 años de paréntesis, Rusia volverá a poner en escena el próximo viernes los espectaculares desfiles militares de la época soviética, que serví­an de demostración de fuerza ante hipotéticos «agresores imperialistas».


El 9 de mayo, aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Rusia, que en otros paí­ses aliados se celebra el 8 de mayo, miles de soldados afluirán como todos los años a la Plaza Roja. Y también blindados y otros equipos pesados, ausentes en ediciones precedentes.

Como en los grandes tiempos, hombres y materiales bajarán por la calle Tverskaí¯a, los Campos Elí­seos moscovitas, antes de entrar en la plaza, y como colofón del espectáculo el desfile de los últimos misiles estratégicos rusos, los enormes Topol-M.

El flamante presidente ruso, Dmitri Medvedev, investido hoy, y su predecesor Vladimir Putin estarán presentes, precisó el Kremlin, sin indicar si asistirán, como hací­an los dirigentes de la URSS, desde el mausoleo de Lenin.

Desde 1990, año del último desfile con tanques, un año antes de la caí­da de la Unión Soviética, la imagen parecí­a definitivamente superada. Hasta el punto de que en 1996 fue reconstruida la Puerta de la Resurrección, que obstruye una ví­a de acceso a la plaza.

El difunto presidente ruso Boris Yeltsin restableció simbólicamente un desfile en 1995 por el 50º aniversario de la victoria contra la Alemania nazi, pero sin material pesado. Desde entonces, se ha dado prioridad al aspecto histórico de la conmemoración y al homenaje a los ex combatientes.

En 2005, 60º aniversario de la victoria, unos sesenta jefes de Estado, entre ellos George W. Bush y Jacques Chirac, fueron invitados al desfile de 10 mil militares con uniformes de la época y veteranos emocionados, que agitaban claveles rojos en un ambiente festivo.

El verano boreal de 2007, Vladimir Putin ordenó volver al formato anterior a 1990 «ante la cantidad de solicitudes de veteranos y de la sociedad civil para restablecer el desfile de la época soviética», explica Oleg Yuikov, portavoz del Ministerio ruso de Defensa.

Ahora que Moscú está obsesionada con un retorno a su estatuto de gran potencia y no deja de hacer advertencias contra el avance de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia sus fronteras, parece imperar la dimensión de «demostración de fuerza» del desfile.

Los periodistas independientes, como el experto militar Alexandre Golts, se interrogan sobre un «ejercicio de relaciones públicas del Kremlin».

«Detrás de todo esto no hay ninguna reforma del Ejército», estima Golts, y evoca el mal uso de un presupuesto militar, que aumenta pero sigue siendo bastante inferior al de Estados Unidos.

«Seguro que gusta, la gente tiene nostalgia de la grandeza del Imperio. Pero no va a emocionar a los dirigentes extranjeros. Y tienen mucha razón porque el Ejército ruso no representa para nada una amenaza», dijo.

«Esto supone sencillamente la vuelta a las tradiciones en Rusia. ¿Por qué no podrí­an ver la juventud rusa y los veteranos a qué se parecen sus fuerzas armadas?», desdramatiza Yuikov, y compara este desfile al de la fiesta nacional francesa, el 14 del julio, con los tanques en los Campos Elí­seos.

«Saldrán cuatro misiles Topol-M, nueve tanques T-90, nueve BMP-3 (blindados de infanterí­a) y nueve BMP-4» entre las 110 piezas de armamento pesado que participarán en este desfile de una hora que empezará a la medianoche (hora de Guatemala) y será televisado en directo, precisó.

Los Topol-M, misiles intercontinentales de 11 mil km de alcance, no llevarán su carga nuclear, puntualizó, y las cadenas de los blindados estarán recubiertas para no dañar la calzada.