A cuerpo de rey



Todos los mandatarios que han visitado Taiwán reciben un trato a cuerpo de rey porque ello forma parte no sólo de la tradición china para atender invitados, sino porque en ese caso concreto se entiende con claridad que quienes llegan con esa investidura son piezas vitales dentro de ese extraño ajedrez que permite a Taipei seguir gozando de relaciones exteriores pese a ser una provincia desmembrada de la China. Pero ninguno posiblemente haya recibido las atenciones que ahora se prodigan a nuestro mandatario, í“scar Berger, porque esta visita ocurre en una coyuntura muy especial, cuando se ha resquebrajado la anteriormente sólida alianza centroamericana que era pilar de la polí­tica exterior taiwanesa.

Da risa ver que algunos creen que pueden dorarle la pí­ldora a la gente diciendo que el tema de Taiwán es de dignidad soberana del Estado de Guatemala. Según ellos, al «oponerse y resistir a las presiones que hace Pekí­n», Guatemala está actuando en defensa de su soberaní­a, pasando por alto que en el fondo lo que hay es una venta de nuestra polí­tica exterior a cambio de ayuda que, en algunos casos, es institucional pero que en otros ha sido de franco y abierto soborno a nuestros polí­ticos y dirigentes.

En teorí­a, Berger no puede asumir compromisos de largo plazo que obliguen al paí­s a mantenerse amarrado a esa relación, pero en la práctica, Taiwán parece haber cooptado a todos los candidatos presidenciales y eso sí­ que les garantiza un compromiso para que Guatemala siga siendo pieza clave para que Taipei siga ostentando la calidad de Estado reconocido por parte de la comunidad internacional.

Berger no iba a cambiar su polí­tica exterior de ninguna manera y por lo tanto este viaje no tiene trascendencia porque con o sin visita, Taiwán redoblará esfuerzos y pondrá empeño para mejorar sus relaciones de la forma en que sabe hacerlo, es decir, generando nuevos programas de «cooperación» y, si hace falta, redoblando sus aportes a los polí­ticos que se disputan con posibilidad la presidencia para que «promuevan bibliotecas», eufemismo para referirse a la excusa que dieron para los cheques con los que compraron a Portillo.

Lo único especial del periplo del Presidente será, entonces, que podrá gozar como pocos de esa extraordinaria y fina anfitrioní­a de los taiwaneses que no van a escatimar en atenciones para la comitiva oficial de Guatemala. No sólo el Presidente sino sus acompañantes van a gozar de ello y esta visita de Estado posiblemente pase a la historia como una de las más fastuosas. Pero recordemos que Taiwán sabe que nos tiene entre la bolsa y por lo tanto jugará con ese factor, mientras que nuestra diplomacia no tiene nada con qué jugar porque quien se ha vendido y dejado sobornar no tiene boca con que hablar.