La muerte de Luis Pedro Toledo Godoy


Oscar-Clemente-Marroquin

El pasado miércoles en la madrugada murió de un masivo infarto mi primo hermano Luis Pedro Toledo Godoy, hijo de Beatriz, la mayor de las hermanas de mi madre, y del recordado profesor Augusto Toledo Rivera, eterno director del English American School. De mis casi cuarenta primos, Luis Pedro fue siempre el más cercano, no sólo porque nacimos en el mismo año, sino porque mantuvimos durante mucho tiempo una relación muy estrecha y nos tocó compartir momentos especiales de nuestras vidas.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt

 


En los últimos años no nos vimos con la frecuencia de antaño, pero ocasionalmente nos veíamos en el club de golf y algunas veces jugamos juntos. Pero siempre tratábamos de pasar revista de la situación del país, cada quien desde su propia y muy distinta perspectiva, compartiendo información y, sobre todo, las frustraciones que provoca ver que Guatemala no logra salir de los procesos que entorpecen el desarrollo.
 
 Hace ya mucho tiempo que Luis Pedro empezó a sufrir problemas cardíacos y el del miércoles no fue su primer infarto, aunque fue de tal calibre que sí terminó siendo el último. Miembro de una familia muy unida, sus hermanos Julio Augusto y Rita, con Bárbara y Federico, están devastados por esta pérdida que llegó de manera brutal e inesperada, porque aun sabiendo de los riesgos que significaba su enfermedad, Luis Pedro se mantenía siempre lleno de vida y yo creo que gozó hasta el final de su existencia la vida muy a su manera.
 
 La noche del martes, según me cuenta Rita, fueron a cenar con Ana Cristina su esposa y sus hijos Daniela y Andrés. Tras la que debe haber sido una buena cena, se acostaron y de madrugada lo despertó un agudo dolor de pecho y de brazo que él, sin duda, reconoció de inmediato. A dos cuadras de su casa está la entrada al Hospital Las Américas, el antiguo Bella Aurora, pero ni siquiera esa cercanía ayudó para que pudieran salvarle la vida porque fue de tal magnitud el infarto que ni siquiera aguantó ese cortísimo trayecto.
 
 Su hijo Juan Diego, el mayor, estaba con su esposa y sus hijos en Londres donde estudia una maestría y creo que volvió hasta ayer a Guatemala para estar con su padre antes de que lo sepulten en el cementerio de La Antigua Guatemala, esa ciudad en la que pasamos tantos años de patojos compartiendo aventuras, amistades y parrandas.
 
 La verdad es que tengo en el corazón a todos los familiares cercanos de Luis Pedro porque sé cuán unidos eran y cuánto se querían entre sí. Pero de manera muy especial siento el dolor de mi tía Beatriz, quien ha tenido que enterrar a sus padres, a todos sus hermanos, una nuera, un yerno y también a un nieto muy tierno. Hace algunos años unos ladrones la atalayaron saliendo de un Banco, y sin mediar razón alguna le hicieron un disparo en el rostro del que le costó mucho recuperarse.
 
 Beatriz ha tenido una vida de mucho trabajo y esfuerzo. Junto a Augusto, su marido, se esforzaron muchos años y ella fue de las pioneras en esa combinación que deben hacer las madres que trabajan y atienden las cuestiones del hogar. Llegó a ser una de las altas ejecutivas de Nestlé en Guatemala, empresa en la que se ganó el cariño de todos los que allí trabajaron.
 
 Estando fuera del país lamento no poder estar con Beatriz para acompañarla en estos momentos difíciles. Pero sé que Ana Cristina, Julio Augusto y Bárbara, Lico y Rita, junto a sus hijos y nietos duplicarán el cuidado y amor que le brindan todo el tiempo para ayudarla a soportar, que no a superar, esta irremediable pérdida.