Así como la espantosa gripe que deja roja la nariz de mi hija y le quita el apetito. Así como esos que andan en el aire, en el agua, en los mangos verdes y amarillos con pepita y concluyen en diarrea. Así como esos que llegan al mail con subject ¡Hello! y luego acaban con toda la información almacenada en la compu. Así igualito, exacta, invasiva, expansiva, ofensiva y lastimera es la violencia.
cnavasdangel@yahoo.es
Esa palabra evocada a diario en los periódicos y noticieros de radio y televisión, reproducida en novelas y no baratas –porque son grandes producciones, aunque les viene bien ese apellido–, películas, canciones, libros y caricaturas, es sin duda el peor germen incrustado en el mundo.
Tiene además muchos sentidos. Definiciones que van más allá de un asalto a mano armada, un golpe certero en el abdomen, una niña de cuatro años gravemente herida a causa de un balazo, el asesinato de un trovador en la madrugada, una mujer seguramente asesinada y unos niños extraviados junto a un criminal desde hace meses, una trifulca en un estadio, un choque, un ciclista aventado, un insulto acompañado de una mirada fulminante…
Por ejemplo, afirmaciones como: “vos no podés”, “sos tan poca cosa”, “mereces morir como tu padre”, esta última enviada a mi correo electrónico hace un par de años desde una cuenta fantasma.
Los sueldos de algunos funcionarios por ejemplo –violentan el ejercicio de los derechos de los demás cuando vemos caos en los hospitales y niños sentados en blocks–, peor aún si es el salario que devenga quien supuestamente vela por el cumplimiento de esta otra palabra que contrario a la violencia en Guatemala casi no existe, o sea Sergio Morales. Hay que agregar al Presidente y la Vicepresidenta, los diputados y los asesores, que no sé qué hacen porque siempre han ganado mucho y nunca hemos visto aportes, valga recordar al exvocero de Álvaro Colom, luego convertido en asesor de cultura (palabra demasiado amplia para su entendimiento) ¡habrase visto! Y así…
La violencia se contagia, me bocinan y maldigo, me empujan y devuelvo la acción, hay tráfico y me desquito con el limpiavidrios, me debitan de más en el banco y le descuento el plato roto a la señora que ayuda en la limpieza.
Los niños hacen berrinche, la mamá le da la espalda en la cama al papá y el señor se va de parranda al día siguiente para que amedrenten en la casa.
Regalamos pistolitas, juegos de video de guerras, soldaditos –un regalo estúpido pero…–, quebramos piñatas, pasamos por los charcos adrede para mojar al peatón, dejamos al perro afuera aunque hay frío…
…y después vamos a comulgar o en su defecto a sonreír durante el sermón, criticamos a los pandilleros, señalamos a un niño que arranca una letra de la marca de un carro y después, nos ponemos la corbata, los tacones, la sotana, la banda presidencial y nos convertimos en “ejemplo”, mientras seguimos regando los microbios de ojo por ojo, el que pega primero pega dos veces y si me venís a la casa llorando porque te pegaron yo te voy a dar de vuelta para que aprendas a ser hombre. Que por cierto no lloran…