Ahora que Wall Street y las casas de bolsa alrededor del mundo no logran levantar, los corredores de bolsa están pensando, muy seriamente, en volver a cotizar los productos muy personales, y vender al mejor postor su alma.
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Claro está, esto solo aplica a quien no la hubiera vendido anteriormente.
Las bolsas de valores están viviendo días muy malos, ya que por cada día bueno en que las acciones suben 0.01 por ciento, hay dos o tres días en que caen tres puntos porcentuales, y así se hace imposible. Empresas que antes eran rentables, ahora han dado el ranazo, por lo que se hace imprescindible volver a lo esencial.
De igual forma, entre los emprendedores guatemaltecos, se empieza a pensar seriamente en volver a los negocios rentables, como el pan o las almas, que a pesar de ser esencialmente al menudeo, sí son de consumo cotidiano.
En algún momento el negocio de las almas fue sobrevalorado, ya que muchas personas desalmadas vendieron su alma al Diablo, engañándolo, porque solicitaron riquezas y puestos de poder, a cambio de un pedazo de alma sucia y sin ninguna virtud. Sin embargo, Satanás, más tarde que temprano, se dio cuenta de que el alma de esas personas no tenía mucho valor, y procedió al respectivo embargo de bienes, declarando lesivo el contrato, y jalándoselos de las patas para el mismísimo Infierno.
Lastimosamente, ello provocó una caída del mercado de almas, cuya gráfica de caída parecía más bien una escabrosa montaña rusa, asustando a los más piadosos con solo verla.
Entonces, las almas se infravaloraron lo que causó que millones de personas abandonaran el cultivo del espíritu, debido a que dejó de ser rentable y los costos de esta actividad económica fueron más altos que las ganancias.
Obviamente, este abandono del cultivo de las almas tuvo su correspondiente consecuencia en el mercado. Analistas financieros y corredores de bolsa no han querido reconocer que esto fue realmente lo que causó la Gran Depresión de la década de los 30 en Estados Unidos, y que también fue causa inmediata de la Segunda Guerra Mundial, demás guerras y la introducción del negocio de las armas, la pobreza y la hambruna en la segunda mitad del siglo XX y los años que van de la presente centuria.
Hoy día se intenta reconstruir esa industria que fomente el cultivo de las almas, pero cada vez se hace más difícil. Algunas personas, que aún poseían su alma para la venta (no tanto por virtud, sino porque nadie se las había querido comprar), se vieron obligadas a venderla a causa del hambre, por lo que el precio fue poco más que un plato de comida.
El mercado, pues, está infravalorado, y el Diablo ya no posee mucho capital -por los engaños que sufrió antaño por gente desalmada-, por lo que ya no es tan rentable vendérsela. Es decir, al hacer negocios con Satanás, cualquiera podría esperar recibir éxito económico, poder político, propiedades, o, al menos, éxito en el amor. Pero la compraventa sale muchísimo peor que eso, porque todas las riquezas ya están acaparadas.
Algunos expertos consideran que en un futuro no muy lejano, cuando las acciones del petróleo, el oro, las religiones y el agua natural sean inalcanzables por la elevada demanda y la poca oferta, el negocio de las almas será una buena opción. De hecho, algunos se plantean seriamente la opción de vender su alma a Dios, y no al Diablo, porque paga mejor. Otros consideran que el alma podría ser una buena materia prima para próximos negocios de una Nueva Era.