Aparentes incongruencias


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Las mediciones sobre cultura política en la región tales como el Latinobarómetro, la Conciencia ciudadana de los guatemaltecos, el Estado de la Nación o el informe Cultura Política y Democrática de Guatemala de la Universidad de Vanderbilt, han registrado en las percepciones y adscripciones de la sociedad guatemalteca, especialmente en el estrato de jóvenes, una determinada identificación con un modelo autoritario en la figura que debe conducir el gobierno.

Julio Donis

 


Los mismos estudios relacionan ese dato con la poca profundización de la democracia como sistema de valores que rige la vida política de los ciudadanos. Creo que las razones para el entendimiento de aquellas mediciones requieren ir más adentro y más abajo en la corteza de esta sociedad. Los días de hoy deben ser observados con el lente de la memoria. Las verdades inamovibles se van convirtiendo en gelatina, parecen suaves pero son duras, otras son líquidas a la vista pero están congeladas. Una nueva hegemonía está construyendo su versión de la realidad y de la historia, para lo cual se fragmenta la percepción general; no hay centros, solo circunferencias. Aparentemente se instala la idea que el cambio ha llegado. El nuevo régimen necesita dar cada paso en firme y disolver rápidamente las huellas del anterior, lo cual será muy fácil. Nuevos referentes se empiezan a edificar y a extenderse masivamente con el concurso y la sintonía de los medios de comunicación, titulares que demanden la presencia militar serán más habituales. El ícono del orden y la seguridad tomará figuras imponentes. Lo militar se refuncionalizará sobre la necesidad de la seguridad, porque lo civil implementado desde los Acuerdos de Paz, no pudo resolver el problema. Se teje finamente la idea que el nuevo régimen si podrá resolver los problemas; la noción de lo civil será enviada poco a poco al cajón de las cosas viejas. En este marco de ideas, un nuevo imaginario se está edificando sobre la necesidad aparentemente central de la seguridad y su objeto es la juventud, aquellas generaciones que forman aún su conciencia. En una sociedad que niega su pasado será relativamente cómodo reinstalar una estética política que exalte los valores autoritarios, el reformismo y la figura de lo duro. Una nueva ética del “aquí no pasó nada”, podrá dar paso al punto final para disolver inexorablemente las culpas y las responsabilidades del pasado. Es por eso que acontecen una serie de hechos que se procesarán en la misma frecuencia ecualizada. El Congreso de Guatemala suscribió en enero de este año el Estatuto de Roma, que da paso para que el Estado de Guatemala suscriba el convenio para suscribir la Corte Penal Internacional; el Grupo de Apoyo Mutuo presenta una demanda contra tres exguerrilleros, por su vinculación en la masacre de El Aguacate; repentinamente hay un sensible aumento de enrolamiento de jóvenes en las fuerzas armadas; se reportan 524 muertes violentas en lo que va del año; el exgeneral Ríos Montt podría enfrentar juicio penal por el delito de genocidio, y un diputado de su partido asume la Comisión legislativa de derechos humanos; se deroga el acuerdo gubernativo sobre la forma de elección de la Secretaría Presidencial de la Mujer y la reacción del movimiento de mujeres apenas logró reunir unas pocas para manifestar su inconformidad.

El nuevo gobierno le ofrece su respaldo al Ministerio Público y un paquete de reformas fiscales que definitivamente dejarán intocables de las grandes transnacionales o los emporios oligarcas de este país, avanza en su aprobación en el Congreso. En varios medios de comunicación comparten arenas infames y lucideces. Acudimos pues al tiempo en el que los hechos no nos explicarán la realidad por sí mismos, solo la describirán en un análisis estéril.