Comenzaré por anotar que, aparentemente, don Guillermo Castañeda es uno de los lectores más asiduos de esta columna y también el más ácido crítico de mis opiniones, en vista de que es fiel a su posición conservadora o derechista, aunque a menudo o cada vez que expone sus adversos comentarios en el blog de La Hora en torno a un artículo mío, recibe recriminaciones de otras personas que también envían sus acotaciones y que, generalmente, apoyan mis argumentos.
Cuando don Guillermo no lanza sus dardos en mi contra, pareciera que el artículo no ha sido lo suficientemente agudo o que los planteamientos le son irrelevantes, porque a pesar de nuestras contrariedades he llegado a apreciar al señor Castañeda por ser leal a sus convicciones, aunque me parece desfasado en el tiempo, como si se hubiese estancado en 1954, cuando Guatemala fue invadida por mercenarios de la CIA, de Estados Unidos, lo que este lector oriental se resiste a admitir.
Traigo a colación lo anterior a propósito del más reciente correo enviado por don Guillermo al portal de este diario y por el tema que aludiré. En mi artículo del lunes 6 me refería a los insignificantes impuestos que pagarán las empresas transnacionales tabacaleras que operan en Guatemala, y recordaba que en 2010 los magistrados de la Corte de Constitucionalidad actuaron con severa escrupulosidad legal al declarar con lugar el recurso que presentó uno de esos consorcios ante ese órgano, para no tributar Q184 millones, de los cuales Q18 millones eran destinados al Ministerio de Salud.
Señalé que esos magistrados no necesitan acudir a centros hospitalarios públicos, al contrario de los fumadores que han contraído algún tipo de cáncer a causa de su pernicioso hábito, porque devengan no menos de Q72 mil al mes, aunque el presidente de la CC percibe ingresos mayores, sumados a los Q300 mil anuales para cada miembro de la Corte en concepto de gastos médicos, además de viáticos y gastos de representación.
Esta vez el señor Castañeda sí coincide con mis críticas porque él es una de las víctimas del tabaquismo y los Q2,827 que percibe en su calidad de jubilado no satisfacen sus necesidades vitales, mucho menos pagar medicamentos del tratamiento médico de su enfermedad. En este sentido, lamenta los sueldos de muchos funcionarios públicos y sugiere exageradamente que estos no deberían ganar más de lo equivalente a 10 salarios mínimos.
No se puede sospechar que don Guillermo haya fumado alguna hierba que no sea tabaco porque ciertamente es una insultante y absurda incoherencia que mientras el salario mínimo no llegue ni siquiera a los Q70 diarios, hay funcionarios cuyos sueldos constituyen groseras bofetadas al hambre, la desnutrición, la enfermedad, la carencia de vivienda, en fin, el abandono en que se encuentra el 54% de la población en condiciones de pobreza y el 17% en la indigencia.
¿Cómo explicarse que la titular de la Contraloría de Cuentas de un plumazo duplique su sueldo a Q70 mil mensuales y que el presidente Pérez Molina no haya dejado sin efecto ese abuso? ¿Será posible que el Procurador de los Derechos Humanos perciba Q100 mil al mes? ¿Que el director o jefe de la SAT reciba esa misma cantidad mensualmente y que por esas cifras cabalgue el presidente del Banco de Guatemala?
¿Cómo puede subsistir un Estado pobre con esos sueldos y con qué cara solicita ayuda de la cooperación internacional si niños de 12 años trabajan como jornaleros en la agroindustria del azúcar sin ganar el salario mínimo? ¿Cómo corregir esas graves inequidades?
(El indigente Romualdo Tishudo vuelve a pedir limosna en una esquina y al detenerse el auto de una obesa y enjoyada dama, extendiendo la mano le dice:-¡Tengo tres días sin comer! La ricachona replica:-¡Dichosote usted que puede hacer esa clase de dieta!).