Mano dura contra la clase trabajadora


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Durante su campaña electoral el ahora Presidente de Guatemala, General retirado Otto Pérez Molina, enarboló la bandera de mano dura como figura emblemática de su intención de llevar adelante una política sin tregua para combatir a la delincuencia.

Félix Loarca Guzmán

 


Hasta el momento, sin embargo, la actuación de los grupos criminales continúa imparable causando terror entre la población.  Y es que como dice la expresión popular, no es lo mismo verla venir que estar frente a ella.

A pesar de que diariamente los ciudadanos denuncian, a través de los medios radiales, los puntos de la capital en donde algunos maleantes en moto asaltan a los automovilistas y a los peatones, las autoridades del Ministerio de Gobernación y de la Policía, mantienen una actitud de indiferencia. Eso significa que los ciudadanos siguen desprotegidos. Las promesas de brindar mayor seguridad se han quedado solo en palabras.

La paradoja es que el nuevo Presidente está actuando con mano dura, pero no contra los delincuentes, sino contra la clase trabajadora.  La llamada “Reforma Fiscal” que el gobierno está tratando de imponer bajo el eufemismo de que se trata de una actualización tributaria, constituye, sin duda, un golpe bajo de inspiración neoliberal para castigar especialmente a los trabajadores y a los núcleos más débiles de la población.

Precisamente el economista José Raúl González Merlo, señalaba ayer en su columna del diario Prensa Libre, que serán los mismos de siempre los que seguirán pagando impuestos, solo que en una cantidad mayor. Añadió que según estimaciones del Ministerio de Finanzas, la subida de tasas generará unos 2 mil millones de quetzales, que serán pagados por los trabajadores que ya cubren el Impuesto Sobre la Renta.  De manera contundente, el columnista subraya que “Son los empleados, que el año pasado pagaron cerca de mil 500 millones de Impuesto Sobre la Renta, quienes ahora pagarán 2 mil millones adicionales.  Un incremento de 130%”.

Uno de los aspectos más censurables del proyecto es que incrementará al doble el Impuesto de Circulación a los propietarios de vehículos de modelo atrasado. Es fácil colegir que quien tiene un carro viejito es porque carece de suficientes recursos económicos para comprar uno de modelo reciente. Además, estas personas ya tributan al fisco en abundancia, pues por cada galón de gasolina que compran, están pagando un impuesto de Q4.70.

Resulta sintomática la simpatía que los grupos oligárquicos aglutinados en la cúpula del sector empresarial han externado para la Reforma Fiscal.  Es fácil deducir que si no están impugnando el aumento de impuestos, es porque no les afecta. Es obvio que el proyecto fue diseñado para favorecer al gran capital.