La incriminación que se hace de miles y miles de inmigrantes ya es moneda corriente en la sociedad norteamericana, lo cual es un contrasentido en sí mismo porque Estados Unidos surgió de la migración. Su esencia stricto sensu es eso, el resultado de la interrelación de culturas diferentes.
A riesgo de parecer falaz, dicha incriminación es la negación de su propia génesis. Su formación se dio a través de la colonización británica que partió hacia América, compuesta por un sinnúmero de británicos que en los siglos XVII y XVIII fundaron las llamadas Trece Colonias en la costa atlántica del subcontinente. No es casual que fueran ellos los colonizadores, la Gran Bretaña era el imperio hegemónico de esa época y como tal buscaba expandirse por el planeta. Con el tiempo, Estados Unidos tomaría ese lugar, por lo menos en lo militar y en lo económico. El que migró para el norte lo hizo porque fue arrojado por su propia tierra, por sus condiciones políticas y sobre todo sociales, de tal suerte que el migrante se vuelve casi un exiliado económico. La realidad de pobreza le hizo arriesgar la vida para traspasar fronteras en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo, incluso de dignidad, esa ha sido la naturaleza de la diáspora latina especialmente en los setentas, ochentas y noventas del siglo XX. El debate en torno al tema de la migración, es parte sensible de la agenda política en el nivel máximo en el gobierno federal y estatal de ese país. La variable migratoria se ha convertido de hecho en un tema sensible en el calor de la campaña electoral estadounidense para elegir nuevas autoridades en noviembre del presente año. La contradicción entre realidad y origen alrededor de la migración, también genera desafíos en ese debate político electoral. En la campaña primaria republicana por ejemplo, el candidato Romney declara que descartaría la aprobación del “Dream Act”, instrumento que podría legalizar a una cantidad importante de jóvenes que están ya en el sistema educativo formal. Pero a su vez el candidato debe sopesar el impacto de este tipo de mensajes en el potencial electoral del voto latino, sobre todo en estados como La Florida, donde la comunidad cubana representaría un no menor capital político, actualmente se estima que el caudal electoral latino alcanzaría el 11 por ciento. A contrapelo, las iniciativas por regular de manera en extremo punitiva la migración, se multiplican, Arizona, Alabama o tratando de seguir su ejemplo, Sur Carolina y Kentucky. ¿Significa esto que los intereses de orden nacional contravendrían los de orden estatal en relación al tema migratorio? Estados Unidos es diferente por la presencia de millones de latinos que todos los días trabajan y generan interacciones sociales, culturales, económicas y políticas; en Guatemala, el principal ingreso nacional son las cantidades de dinero producto de remesas familiares. El idioma español puede llegar a tomar una categoría relevante para las actividades civiles oficiales. Ninguna cultura que se ha cerrado a la presencia de otras ha sobrevivido, lo han hecho las que han convivido y se han enriquecido mutuamente. La calidad de ilegal o legal implica que se presume como delito la condición de migrante; esa es la premisa fundamental que debe estar en el corazón del debate de las iniciativas de reforma migratoria. Mientas que la solución no es levantar muros más altos, tampoco lo es una visión problematizante de una realidad cultural, la migración no es un tema y por lo tanto no es un problema, es un fenómeno social con rasgos económicos, políticos y culturales, mismos que pueden desarrollarse en provecho de la cultura local. El debate pues impone variables y alcances aún no dimensionados del todo.