El desafí­o de la reforma fiscal


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El planteamiento de la Reforma Fiscal y la posibilidad de su ejecución constituyen, sin duda, un desafí­o de grandes proporciones, pues como acertadamente ha señalado el doctor Edelberto Torres-Rivas, Consultor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, “el Estado guatemalteco cobra pocos impuestos y los cobra mal y lo que así­ recoge no alcanza a gastar o no sabe cómo hacerlo bien”.

Félix Loarca Guzmán

 


El experto añade, que la estructura tributaria de nuestro paí­s se caracteriza por el predominio de impuestos regresivos y al consumo. En forma contundente señala que hoy dí­a la reforma fiscal es más importante que la reforma agraria, por los niveles de equidad que podrí­a introducir en esta sociedad atrasada e injusta.

Durante el pasado gobierno, del presidente ílvaro Colom, hubo varios intentos para reactivar el Pacto Fiscal a efecto de lograr un consenso a favor de la Reforma Tributaria, pero los mismos se estrellaron con la fuerza de los intereses de la patronal guatemalteca representados por el poderoso Comité Coordinador de Asociaciones Agrí­colas, Comerciales, Industriales y Financieras, CACIF.

El doctor Juan Alberto Fuentes Knight, primer Ministro de Finanzas del gobierno de Colom, relata en su libro “Rendición de Cuentas”, que las propuestas se orientaban a que pagaran más los que más tienen. Uno de los mecanismos era el establecimiento de un impuesto del 5 o 10 % a los dividendos, que son las ganancias que las empresas trasladan a los dueños de las mismas, y que actualmente no pagan nada de impuestos en Guatemala, a diferencia de otros paí­ses, en donde sí­ tributan.

El nuevo gobierno, que preside el General Otto Pérez Molina, ha retomado la idea de empujar la Reforma Fiscal, pero sin afectar a los sectores de la clase dominante, que fueron quienes financiaron su campaña y lo llevaron al poder.

De acuerdo con algunas versiones preliminares, la nueva Ley del Impuesto Sobre la Renta, ISR, que alienta el actual gobierno, afectarí­a a los pequeños contribuyentes, al aumentar gradualmente la tasa actual del 5 por ciento, además de castigar a los trabajadores asalariados que anualmente presentan la planilla del IVA para acreditar el monto de lo pagado a cuenta del ISR.

Hasta ahora, la administración tributaria reconoce el 100%, pero la nueva ley solo aceptarí­a el 25 por ciento. El resto, o sea el 75 por ciento, tendrí­a que ser pagado por el contribuyente en concepto del ISR.

Se trata obviamente de una reforma para proteger al gran capital, lastimando a los sectores más débiles. Por eso es que las distintas cámaras empresariales no han vacilado en expresar su simpatí­a para el nuevo equipo gubernamental encabezado por el presidente Otto Pérez Molina.