Silencio y palabra


Eduardo-Blandon-Nueva

Mientras esperamos que el gobierno ponga alto a lo que parece ser el primer acto de saqueo oficial a las arcas públicas. Robo burdo, planificado y ejecutado por los mismos: el Ejército y polí­ticos de turno.  Entretengámonos en temas que no nos generen tanto estrés y nos permitan respirar cierto aire puro y sano.

Eduardo Blandón

 


Le cuento que la Iglesia Católica con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales ha publicado un texto titulado “El silencio y la palabra: camino de evangelización”. En este documento, el Papa ha invitado a los periodistas a que valoren la capacidad de escuchar y reflexionar dado que, según él, es la forma perfecta para abrirse a la verdad.   
 
            El presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, monseñor Claudio Maria Celli, piensa que este texto refleja la personalidad del Papa y su concepción del ser humano. â€œNo sólo sus caracterí­sticas personales, también su conocimiento, su pensamiento, su reflexión sobre el ser humano, nos están ayudando a redescubrir lo que significa dar un sentido profundo, auténtico y humano a la comunicación”. 
 
            El mensaje no deja de sorprender por la invitación del venerable anciano, el Pontí­fice romano, a “apostar” por las redes sociales, especialmente por Twitter.  También en ellas, dice, se puede encontrar a Dios y quizá hasta las respuestas más profundas a los cuestionamientos de la vida diaria. “La esencialidad de breves mensajes permite también formular pensamientos profundos, éste es el poder de los mensajes cortos de Twitter”.
 
      “Los motores de búsqueda y las redes sociales son el  punto de partida en la comunicación para muchas personas que buscan consejos, sugerencias, informaciones y respuestas. En nuestros dí­as, la Red se está transformando cada vez más en el lugar de las preguntas y de las respuestas; más aún, a menudo el hombre contemporáneo es bombardeado por respuestas a interrogantes que nunca se ha planteado, y a necesidades que no siente. El silencio es precioso para favorecer el necesario discernimiento entre los numerosos estí­mulos y respuestas que recibimos, para reconocer e identificar asimismo las preguntas verdaderamente importantes”.
       
      No anda tan descarriada la “casta meretriz” cuando invita a los creyentes a “aggiornarsi”, esto es, actualizarse para hacer de Internet un instrumento eficaz de evangelización y conversión.  Por su parte, el mensaje ha seguido la tradición espiritual cultivada por siglos, cuando pide a los periodistas dejar de ser locuaces y aprender a callar: silencio y palabra. Cosa que exige de los comunicadores sociales una disciplina de monje, asceta o gladiador romano.
       
      El ruido está de moda no sólo en los antros donde la música es “conditio sine qua non” para pasarla contento, sino también, a veces, en las salas de redacción y en los salones de estudio.  Sentimos horror al silencio y nos decantamos por la bulla y el estruendo. Así­, somos más proclives a la vida de superficie y a la palabra siempre a flor de piel, en la punta de la lengua, a la insensatez.
       
      Creo que si algo es rescatable de la propuesta del lí­der religioso es aceptar la invitación por un cambio de hábito: el cultivo del silencio. Como dice la publicidad light: “Pruébelo y experimentará sus efectos en pocos dí­as.  Garantizado”.