La luna de miel del Presidente


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No cabe la menor duda de que el presidente Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti gozan, y gozarán por muchas semanas, de una buena oportunidad para generar algunos cambios en la llamada “luna de miel” polí­tica, en donde se critica con dulzura, y se les administran alabanzas con la cuchara grande.

Mario Cordero ívila
mcordero@lahora.com.gt

 


Este perí­odo de luna de miel casi siempre se les otorga a los gobernantes, para darles cierta oportunidad, aunque algunos no pudieron extenderlo por mucho tiempo, y pronto se vieron azotados por la dura crí­tica. Uno de esos casos fue el del presidente ílvaro Colom, quien casi empezaba su gobierno con la luna de miel a punto de convertirse en hiel, sobre todo porque llegó al 14 de enero sin un equipo consolidado, y sin mucha idea de cómo hacer las cosas.

Caso contrario ha sucedido con Pérez Molina, quien denotó una mayor preparación y coordinación en su equipo, más que la tuvo Colom previo a asumir.

Hay dos factores que pueden contribuir a extender esa luna de miel; la primera es que tal parece que el actual gobierno está priorizando -o al menos da la sensación de hacerlo- sus puntos centrales de sus promesas de campaña. No se necesita ser un gran genio para darse cuenta de los grandes males que azotan a la población, y que se enumeran con los dedos de una mano: violencia, delincuencia, pobreza, deficiencias en salud y en educación.

Los primeros dos males, que van unidos, es al que más énfasis pareciera que se le está otorgando, con la creación de las fuerzas de tarea, que a pesar de ser motivo de discordia -entre los activistas de derechos humanos- sobre la utilización de militares, el ciudadano común y corriente estarí­a viendo con buenos ojos que se implementen esas acciones.

El segundo factor para extender la luna de miel es la perenne comparación entre el gobierno actual y el anterior. Y es que durante el último año, en que el Gobierno perdió a su lí­der fáctica, Sandra Torres, por pretender ser candidata, el Ejecutivo perdió rumbo y terminó con un comportamiento errático; incluso, los programas sociales, que le generaron más votos, no lograron ejecutarse, ya sea por falta de fondos o por falta de liderazgo.

Y es que parece muy fácil para Pérez Molina llegar a hacer enmiendas para evidenciar aún más la incapacidad del anterior gobierno; enfatizar la seguridad, declarar emergencia nacional en salud, ofrecer estructura ministerial a los programas sociales y, sobre todo, trabajar a todo vapor en una reforma fiscal. Incluso, hasta los cambios más mí­nimos, como eliminar la bandera de cuatro colores de Colom, retomar la Granadera y cancelar el programa radial, fueron motivos para esbozar sonrisas, a pesar de que estas modificaciones son insignificantes, pero se da la sensación de que se llegó a trabajar, y no a jugar con simuladores de vuelo.

Esa constante comparación entre lo que hará el Gobierno, y lo que no hizo el anterior, podrí­a ayudarle a extender esa luna de miel, que podrí­a ser beneficiosa para hacer avanzar acuerdos.

Sin embargo, habrá que recordar que esa misma estrategia utilizó el gobierno de Oscar Berger, para contrastarse con el gobierno de Portillo, para lo cual, incluso, fue necesario dar persecución penal contra las cabecillas de la administración del FRG, para dar la sensación de que los “buenos” combaten a los “corruptos”. Pese a ello, la gestión de Berger pasó con más pena que gloria.

El gobierno de Pérez Molina gozará de una luna de miel más extensa que la que tuvo Colom. Por ello mismo, no puede dejar pasar esa oportunidad para realizar muchos cambios urgentí­simos de golpe, porque seguramente que después no podrá. Ya lograron la institucionalización de los programas sociales, y ahora van tras la reforma fiscal, que previsiblemente podrí­a ser bloqueada por completo, por uno o dos puntos en los que no esté de acuerdo el poder fáctico del paí­s.