Me veo en la necesidad de recordárselo a quienes integrando el Partido Patriota alcanzaron el triunfo en la reciente contienda electoral. Eso significa que no pueden quedarse en el pasado, en los tiempos de prometer, ilusionar o andar ofreciendo el oro y el moro. No hay cabida para seguir conjugando los verbos en tiempo futuro diciendo que se investigarán los casos de corrupción; que se procesará judicialmente a los responsables; que se presentarán planes para esto y para el otro. No, como decimos corrientemente “llegó la hora de rajar ocoteâ€, de “demostrar que como se ronca se duermeâ€.
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No puede ignorarse que los ciudadanos llevamos montón de años de estar presenciando la siembra de esperanza y que a pesar de tanto riego y fertilizante, no hay modo que algo se coseche.
Eso de pretender aplicar ahora a troche y moche la Reforma Fiscal es seguir haciendo las cosas al revés. “Lo primero es lo primeroâ€: hay que eliminar todo gasto superfluo; acabar con el derroche que abunda por todas partes; quitar puestos innecesarios; bajar remuneraciones desproporcionadas; desplazar la corrupción y los sucios procesos de compra de productos y servicios; transparentar toda la administración pública. Paralelamente, combatir el contrabando; velar porque todo el mundo pague impuestos evitando la evasión. Simultáneamente, proceder sin demora ni más trámites a consignar en los tribunales de justicia a cuanto tramposo resulte responsable, no como cacería de brujas ni cosa que se parezca, sino demostrando con los “pelos en la mano que la mula es pardaâ€.
Hasta cuando todo lo anterior haya quedado totalmente claro para la ciudadanía, entonces se podrá discutir ampliamente el tema hasta alcanzar consensos y así, lograr una real, efectiva e integral reforma tributaria. ¿Qué significa esto? ¡Muy fácil! Que la base tributaria debe irse ampliando firme y paralelamente para evitar que los que aunque seamos pelados pagamos impuestos, no sigamos llevando solitos la pesada carga y, para “ponerle la tapa al pomoâ€, de ahora en adelante todo centavo que se recaude debe ser bien gastado o invertido, transparentemente, sin fideicomisos, sin transferencias, sin subterfugios y sin leyes que solo sirven de chamarra para tapar tanta cochinada que a todos consta.
Hacer las cosas al revés, conforme a lo que se ha venido hablando hasta ahora, sería igual a ir contra la corriente, tratar de seguir haciendo lo mismo con un pueblo que está hasta el copete de tantas y diversas falsas promesas cargadas de embustes, mentiras y manipulaciones. El chapín ya no cree en cantos de sirena. Exige, con justa razón, que su dinero sea manejado bien, como Dios manda, para luego pensar en pagar más. Aunque el gobierno siga derrochando en propaganda millones de quetzales, jamás va a convencer al pueblo de pagar más impuestos, porque hasta que no se le demuestre con hechos, honradez, transparencia y solvencia en su manejo, no va a seguir cayendo de baboso.