¿Juzgar a los delincuentes de hoy o los de la guerra del pasado?


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Suena el teléfono un viernes muy de madrugada, es la Policí­a y pide que vayamos a algún lugar en el paí­s. Se encontró un cadáver de una persona que fue torturada y cortada en pedazos y luego introducida en una bolsa. Acuden personas de derecha y de izquierda que fueron llamadas para intentar reconocer algunas caracterí­sticas en el cadáver y decir si ese puede que sea su familiar o no. En la época de la guerra, ese fue uno de muchos cuadros que los guatemaltecos vivimos y fue doloroso para muchos.

Alfonso Carrillo M.
alfonso.carrillo@meimportaguate.org

 


Hay algunos grupos de guatemaltecos y extranjeros que en estos dí­as están empujando porque se juzgue delitos relacionados con el pasado de Guatemala.  Algunos están porque se procese a los guerrilleros y otros porque se procese a los militares.

Estas acciones vienen justo en uno de los peores momentos de la historia de nuestro sistema de Justicia que raramente vez imparte justicia.  La población perdió hace algunos años la esperanza de que se castigue a los delincuentes y por ello ha adquirido una cultura de no consecuencias (se consiente que no se castigue al que viola la ley).  La población rara vez cree en la Policí­a o que tenga algún sentido denunciar un delito.

El guatemalteco en estado de impotencia y desesperanza sufre de robos de celular o del carro como algo muy normal.  La gente está mentalizada que en cualquier momento le pueden robar el celular, algunos hasta practican que harán cuando se los pidan.  A otros diariamente les exigen que pague un impuesto a las maras por su negocio; mientras tanto otros sufren secuestros rápidos (el rescate se debe pagar en horas).  El paí­s tiene un nivel de impunidad casi total. La ley no se respeta consistentemente.

El problema de impunidad si se puede resolver con objetivos claros.  Con voluntad de las autoridades que dirigen el sistema de Justicia (el Ministro de Gobernación, la jefe del Ministerio Público, jefes de fiscalí­as, jueces y magistrados, el jefe del sistema de prisiones y la cabeza del Instituto de Defensa Pública), el sistema puede dar pasos firmes y sentar ejemplos concretos que permitan experimentar un sistema que funcione.  Eso poco a poco traerí­a credibilidad.
 
¿Qué es la prioridad?  ¿Juzgar y castigar a los que hoy delinquen u ocuparse de procesar a los que delinquieron hace más de 20 años?  El sistema de por sí­ no funciona hoy y ponerlo a funcionar eficientemente llevará tremendos esfuerzos, asumiendo que se hagan.  Tenemos que elegir, nuestro sistema es muy débil y no puede hoy ocuparse de los crí­menes del pasado y de los del presente, lamentablemente.  Sin que se corrija el presente, no hay esperanza de un mañana que brinde oportunidades a nuestros hijos.

No es conveniente enfocarse en crí­menes de épocas de la guerra en detrimento de resolver los problemas de hoy dí­a. Por el bien común, para poder crear una esperanza a nuestras nuevas generaciones tenemos que tener orden y para ello se requiere castigos y sanciones para los que hoy impunemente actúan y siembran temor y sufrimiento.

Enfoquémonos en resolver el problema de hoy, detengamos la delincuencia y la violencia actual.  Apoyemos a las autoridades para que apliquen toda la fuerza de la Ley y recuperemos así­ el orden.  Cuando el sistema ya funcione será el momento de reflexionar qué hacer con los crí­menes del pasado. Hay que meditar. ¿Nos reconciliamos, buscamos vivir en paz y dejamos descansar a nuestros muertos de guerra o prolongamos las diferencias del pasado?  Muchos jóvenes y adultos de hoy no comprenden ni siquiera qué fue el pasado porque no lo vivieron.