Lo que menos deseo es parecer jactancioso, especialmente porque se trata de un caso típico de políticos oportunistas y aprovechados (disculpen la redundancia), al recordar que cuando surgió la coalición de los partidos UNE y Gana, publiqué un artículo en el que preveía que a los días siguientes de las elecciones presidenciales de la segunda ronda, ese convenio se desvanecería y que cada uno de los dos colectivos buscaría su propio y particular derrotero.
Pero la ruptura ha sido mucho más profunda y extendida de lo que cualquier persona medio sensata podría imaginarse, aun procediendo de individuos habituados y acostumbrados a abandonar elementales principios de lealtad, fidelidad, compromiso y amistad cuando se presenta la primera oportunidad de anteponer sus intereses personales para alcanzar posiciones que implican “poderâ€, así, entrecomillado, porque se trata de una supuesta jerarquía muy débil, raquítica, despreciable y pasajera.
Inicialmente, y tal como lo había presumido, la UNE decidió romper su alianza con la Gana (o viceversa) tan pronto como se dieron a conocer los resultados de la elección presidencial con la victoria del general Pérez Molina, puesto que, de inmediato, los exseguidores del expresidente empresarial í“scar Berger buscaron cobijo en los aleros del Partido Patriota: Algunos diputados recién elegidos o reelectos de la Gana desertaron abiertamente para trasladarse con todo y sus curules a los habitáculos de los patriotistas, y otros menos descarados, arribaron a acuerdos con el nuevo partido oficial con tal de obtener un asiento en la junta directiva del Congreso, para seguir disfrutando de los privilegios que tales cargos conceden.
No faltan, por supuesto, diputados/as y alcaldes de otros partiditos que también hicieron la cacha, aprovechando la amplitud de criterio y flexibilidad ideológica del PP; pero los que se llevan las palmas de la desvergí¼enza son parlamentarios de la UNE, comenzando con el sonriente Roberto Alejos, cuando aun siendo presidente del Congreso decidió separarse del partido que lo mantuvo en ese cargo durante tres años consecutivos, sin ofrecer mayores explicaciones, porque al fin y al cabo los políticos carecen de esa rara cualidad de precisar las razones que los motivan a tomar decisiones, por más disparatadas que sean.
Pero quien ha asombrado hasta a los más crédulos y a los guatemaltecos que pensaban que ya no se sorprenderían de lo que digan, hagan o dejen de hacer muchos políticos, es el ahora diputado Jairo Flores, hasta hace pocas semanas el niño consentido de doña Sandra Torres, pues ella lo condujo de la mano a la Secretaría General de la UNE, ficticio liderazgo que no tuvo escrúpulos (¡ya sería mucho pedir de esta clase de persona!) de arrinconar en la cloaca de las inmundicias, cuando sus debilitadas fuerzas se le agotaron.
Conjuntamente con este alto funcionario del presidente Colom, a quien su juventud le auguraba relativo prometedor futuro aun dentro del oscuro contexto en que se desenvuelve, abandonaron el naufragante barco de la UNE otros dirigentes de este partido (que no está partido sino dividido en múltiples piezas de original rompecabezas), al grado que es incapaz de celebrar su asamblea general prevista para este fin de semana.
¡Maravillas de la democracia representativa!
(El activista Romualdo Tishudo le pregunta un diputado tránsfuga:-¿Qué vas a hacer hoy? –Nada, responde. –Pero eso me lo dijiste ayer, replica mi paisano. El presunto legislador repone: -Sí; pero no lo terminé).