El problema fiscal de Guatemala es mucho más grave de lo que algunos piensan y no se resuelve únicamente con la reducción del gasto. Ciertamente hay derroche y desperdicio de recursos, pero las necesidades son de tal dimensión y calibre que hace falta una reforma profunda que vaya en la vía del control del gasto y en el aumento de los ingresos. No hay otro remedio si queremos evitar un colapso provocado por el déficit.
El gobierno recién instalado tiene claro que hace falta una reforma fiscal y para el efecto hará una propuesta a la ciudadanía y, hay que decirlo, al sector privado que ha sido siempre el obstáculo para resolver ese problema. No estamos como otros países en donde se pueden hacer serios recortes en el gasto público, puesto que nuestras condiciones tributarias son tan paupérrimas que es obligado elevar la carga fiscal y, junto a eso, realizar los ajustes presupuestarios y las medidas de transparencia para impedir que la corrupción drene los recursos como ha ocurrido hasta la fecha.
Pero hay un problema práctico que tiene que ser tomado en cuenta. Si el gobierno de Otto Pérez Molina no logra avanzar con la reforma en este momento, en el arranque de su gestión, no lo podrá hacer nunca y será un nuevo administrador de la crisis sin oportunidad de emprender cambios importantes que siempre requieren de recursos. Baste señalar el tema de seguridad y justicia para entender que sin dinero no se puede disponer de instrumentos para controlar la criminalidad y eso es sin hablar de la necesaria atención de problemas concretos como el de educación y salud que también están en trapos de cucaracha.
El combate a la corrupción significará un ahorro importante, si se logra concretar, pero más que todo eliminaría el gran pretexto que siempre se esgrime para no pagar impuestos en Guatemala. Creemos que si el gobierno actual hace un planteamiento balanceado entre la calidad del gasto y el aumento de los ingresos fiscales, se dará un paso importante para avanzar en la reforma fiscal. El gobierno de Colom nunca quiso meter en el paquete el control del gasto y únicamente dirigió el planteamiento a lo relacionado con los impuestos, lo cual es un error político de gran envergadura que ahora no se debe repetir.
Insistimos en que lo fundamental es entender que es ahora o nunca. Si recién estrenado y con la inercia del respaldo ciudadano no se logra la reforma fiscal, imposible que se concrete más adelante cuando el desgaste haga mella y cuando sea más difícil trabajar con el Congreso. Por ello es válido decir que el gobierno se juega su futuro en este tema.
Minutero:
Es el momento cabal
para entrarle de lleno
a la reforma fiscal
con un concepto más pleno