Como se dice en el “caló†de los trabajadores de la construcción, para evaluar los primeros pasos del nuevo gobierno de Guatemala presidido por el general Otto Pérez Molina, hay que aplicar una de cal y una de arena.
El destacado académico guatemalteco Rafael Cuevas Molina de la revista electrónica Con Nuestra América, que se edita en Costa Rica, señaló que el recién estrenado gobernante encontró ante sí un panorama desolador, pues Guatemala es uno de los países más pobres de América Latina; uno de los más violentos; uno de los más desiguales; uno de los más racistas.
Subraya que Pérez Molina se ha hecho cargo de la conducción de un país con más desnutrición infantil de todo el continente y con más desaparecidos políticos. Un país totalmente penetrado y, en buena medida, tomado por las mafias del narcotráfico y el crimen organizado.
Una de las primeras frustraciones del nuevo Presidente fue comprobar que el sistema de salud pública está totalmente colapsado y con menos del 50 por ciento de eficiencia. Para enfrentar la crisis, declaró el Estado de Calamidad en los hospitales estatales y en los puestos de salud. Dijo que la situación es tan grave, que en muchos de los centros asistenciales se carece de energía eléctrica, de agua potable y medicamentos básicos para atender a los enfermos.
Pérez Molina, ha decidido poner buena cara ante la adversidad ratificando su compromiso de impulsar las acciones necesarias para promover el cambio que el pueblo demanda. Esa actitud es positiva para dar esperanza a los guatemaltecos sobre que es posible un futuro mejor.
También son reconfortantes sus declaraciones a la prensa internacional, subrayando que no visualiza la presencia en Guatemala en los próximos cuatro años de tropas de Estados Unidos para enfrentar el problema del narcotráfico. En ese contexto, se pronunció a favor de la despenalización en el tema de las drogas, pero como una estrategia regional, a la vez que urgió que Estados Unidos cumpla con su corresponsabilidad por ser el principal mercado de consumo a nivel mundial.
Pero, por otro lado, dio un primer paso de forma equivocada al aprobar una millonaria campaña propagandística en la televisión y los demás medios de comunicación del país, echando incienso a su imagen al pregonar que “se inicia un rumbo nuevo para los guatemaltecosâ€. Digo que se trata de una medida errónea, pues esa campaña suena a despilfarro contradiciendo sus promesas de austeridad y transparencia. En vez de derrochar ese dinero en propaganda totalmente innecesaria, el presidente Pérez Molina, debió destinar esos fondos para mejorar los servicios de educación y salud pública, los cuales se encuentran en pésimas condiciones.