Juventud, terrible tesoro


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Es imposible aspirar a ser alto cuando se viene de familia de poca estatura. La calidad de la participación ciudadana se garantiza por el grado de desarrollo de un Estado, de tal manera que a mayor profundidad y arraigo estatal en la sociedad, mayor será el grado de avance de los movimientos sociales y por lo tanto, de la consecución de derechos colectivos e individuales, mejor serán sus estrategias polí­ticas y más eco tendrán sus luchas en el contexto social. Las contradicciones esenciales están más claras y tanto, Estado como ciudadaní­a, establecen un juego polí­tico que permite avanzar hacia adelante.

Julio Donis

 


Esa es la razón por la que el movimiento sindical en paí­ses como España o Argentina constituye un peso polí­tico especí­fico en el escenario del juego democrático. Es por eso mismo que una sociedad como la chilena, puede asimilar perfectamente las luchas y las huelgas de los trabajadores del cobre, o las grandes movilizaciones del movimiento por la educación pública, encabezado éste por jóvenes estudiantes de todos los niveles de la enseñanza. La estrategia de lucha se establece de acuerdo al tipo de Estado. Si éste se constituye ideológicamente a favor del mercado como prioridad, antes que a su sociedad, el movimiento social debe desarrollar posiciones que deliberen, pero que no transen, acciones creativas que maniobren con creatividad y astucia en el juego de la polí­tica, solo así­ se logra avanzar yardas en el terreno árido de la injusticia social. Como dije, la garantí­a de ganar batallas sociales requieren ciudadanos politizados, lo que a su vez necesita conocimiento y educación sostenida como efecto de una polí­tica pública extendida, eso proporciona claridad, compromiso y contradicción. El cambio generacional normalmente garantiza el relevo de liderazgo social y polí­tico, razón por la que las sociedades apuestan a su niñez y a su juventud como garantí­a del seguimiento sostenido de su proyecto como paí­s, quizá de ahí­ aquel adjetivo de divino tesoro. El raudal juvenil de Guatemala es grande, de 14.15 millones de población estimada, 10 millones tiene menos de 30 años y de esos habrí­a al menos 4.15 millones en un rango etareo que va de los 15 a los 29 años. Esos chicos sin embargo, no quieren saber nada de la institucionalidad pública, desconfí­an profundamente en los partidos o del gobierno; sobre la democracia solo el 35% la prefiere; esos mismos millones de jóvenes prefieren participar antes en una organización religiosa que en un movimiento social y una organización partidaria. La religión es central y principal referente de la juventud guatemalteca, delinea su sistema de valores que los conduce hacia el futuro. Los comportamientos y cifras anteriores no son extrañas, son lógicas. Con una historia irresuelta y de autoritarismo es completamente natural que la juventud que, además, ni siquiera vivió en aquella época, aspire a un régimen autoritario (20% de la población joven la tiene como opción); la noción de democracia apenas ha sido construida de una generación a otra. Entonces, ¿por qué tendrí­an que haber desarrollado confianza esos jóvenes en la institucionalidad pública, si es la primera que los criminaliza? Por otro lado, es lógica su  primigenia filiación a la Iglesia antes, incluso, que al deporte, son el fruto de familias profundamente religiosas y conservadoras; la dinámica de la organización y los movimientos sociales no se alimenta de jóvenes inquietos, son las Iglesias las que tienen garantizadas sus filas de devotos, y algunos de sus nuevos miembros pervertirán su vida entera, como dice De La Horra, pensando en qué sucederá después de la vida. Es normal el abrazo que el joven le da a Dios al verse en un panorama de precariedad material, de temores, con la obligación de mantener a sus padres y al mismo tiempo preguntándose por qué le genera culpa su primera relación sexual. La adversidad se impone y el futuro ni se piensa, la salida es migrar o abstraerse en un viaje sin retorno por los seductores caminos de las drogas y el alcohol. El deporte se practica como mucho hasta inicio de los veintes, después se practicará el alienante ejercicio de la red social.  Las oportunidades de educación digna y de calidad se van desvaneciendo y su lugar es sustituido por la televisión y el celular. La juventud guatemalteca pues, está condenada a un terrible futuro, puesto que en el pasado las decisiones se apostaron para que el presente fuera imperfecto. La actual es una generación desmovilizada polí­ticamente y alienada culturalmente. Este panorama es el que nos pinta la primera encuesta nacional de juventud Enjuve 2011.