Sobre el discurso presidencial


Jorge_MARIO_Andrino

Protocolario, extenso, inclusivo y prometedor son algunos de los calificativos del discurso de toma de posesión del nuevo Presidente de la República, quien utilizó una mezcla de promesas de campaña, nociones sustantivas de su futuro trabajo, errores cometidos por la administración anterior y la mención de priorizar aquellos añejos problemas que deben enfrentarse siempre, porque siempre aparecen vigentes en cada cambio de gobierno.

Jorge Mario Andrino Grotewold

 


Sin lugar a dudas los guatemaltecos esperamos confiados que las nuevas autoridades enfrenten con seriedad, honestidad y eficiencia aquellas circunstancias que han evitado que el paí­s avance en su desarrollo, que se frenen los problemas de inseguridad, que se mejoren los servicios públicos y que todo se haga en un marco de respeto a los derechos humanos.  Todo lo dijo el ahora Presidente, a su propio estilo y bajo la convicción de la gestión del cambio, lo que envuelve a la ciudadaní­a en esperanza y motivado interés en el cumplimiento de su palabra, habiéndolo personalizado con esa arista.  El mensaje del Presidente fue claro en orientar que, tal y como pasa cada cuatro años, hay una nueva oportunidad y una renovada expectativa para que Guatemala salga adelante y pueda enfilar hacia un mejor futuro.  Se comprende que en cuatro años será difí­cil lograr cumplir todos los retos, pero lo que siempre se ha querido es que el paí­s muestre un nuevo rostro al interno y al externo, y que esa inercia de cambio alcance a contagiar a las actuales generaciones de la sociedad y que la misma no se detenga, pudiendo disminuir o aumentar su intensidad, pero jamás detenerse o retrasarse.  Ejemplos de estos casos hay varios, pero cercanos a nuestra realidad sobresalen Chile y Brasil.  Imposible dejar de mencionar a China, rector de esa inercia que poco a poco va alcanzando niveles superiores a otros paí­ses desarrollados.

Durante el discurso también se escuchó la necesaria prioridad de temas que por su naturaleza son de las más necesarias de poner atención, no solo por su urgencia, como lo pueden ser la seguridad ciudadana, el combate al crimen organizado y el combate a la pobreza extrema; pasando por aquellas prioridades que denotan una gran trascendencia como lo pueden ser el fortalecimiento del sistema de justicia, la prestación de servicios públicos eficientes o la conservación del medio ambiente; o quizá aquellos que son de extremada importancia, como la institucionalidad del Estado, las relaciones internacionales y la promoción de un sistema de competitividad de todo el paí­s, que logre conjuntamente con una transformación del sistema impositivo nacional, encaminar a Guatemala en una ruta de progreso.  Pero todos y cada uno de ellos, ceden su espacio de prioridad a algunos elementos horizontales que toda administración pública debe tener, conjuntamente con el ejercicio del poder: la transparencia en el uso de los recursos públicos, y el respeto de los derechos humanos.  Esos dos factores gravitan alrededor de las acciones urgentes, trascendentes e importantes, porque permiten que el resto de situaciones faciliten el proceso de alcanzar los resultados, además que son premiados por el ya de por sí­, difí­cil conglomerado social guatemalteco.  

Pero el discurso es sólo el punto de partida y no puede ser más que un inicio de las acciones que a partir del mismo sábado 14 se deben tomar, debiendo recuperar la confianza de los ciudadanos en sus gobernantes, lo que facilitará alcanzar una coyuntura de gobernabilidad con sectores importantes del paí­s, mejorando la comunicación entre grupos de incidencia polí­tica, social, económica, cultural e institucional.  Esa confianza, pasa también por evitar el famoso “borrón y cuenta nueva”, dándole seguimiento y mejorando aquellos programas o acciones que fueron exitosos o bien creados bajo la necesaria bandera de la solidaridad, como lo pueden ser la educación y la salud sin costo, pero mejorándolos con aspectos como cobertura con calidad y eficiencia en la prestación del servicio, el cual es sin duda el siguiente paso.

El llamado a la unidad es un tradicional aspecto que todo lí­der nacional evoca, pero algunas veces no se logra entender con total claridad, por lo que cito a uno de los que fuera un gran lí­der de su pueblo, John F. Kennedy, cuando dijo: “No preguntes que es lo que tu paí­s puede hacer por ti, sino que es lo que tú puedes hacer por tu paí­s”.   Si en verdad Guatemala se une y cada uno de nosotros ponemos ese sacrificio del que habló el nuevo mandatario, nuestro futuro tendrá esperanza.