«Ofensivo descaro»


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En una actitud a todas luces censurable, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama; la Secretaria de Estado, Hillary Clinton y la Secretaria de Salud y Servicios Sociales, Kathleen Sebelius manifiestan que los experimentos realizados por funcionarios del Gobierno Federal Norteamericano en numerosos seres humanos indefensos en Guatemala, a quienes sin su consentimiento y de forma velada los usaron para inocularles enfermedades sexuales y así­ probar los efectos de la penicilina en algunos de ellos y en otros dejar que la enfermedad se desarrollara sin ningún control, no tienen derecho a demandarlos por sus graves abusos y por consiguiente no son sujetos de ninguna indemnización ellos ni sus descendientes por cuanto los norteamericanos, de forma prepotente y soberbia, deciden su inmunidad soberana.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

 


¡Increí­ble! Los guatemaltecos no son seres humanos, son “cerditos de Guinea” de experimentación, no tienen ningún derecho legal o moral; por el contrario, los norteamericanos pueden demandarnos a diestra y siniestra, imponernos leyes, invadirnos, acusarnos, expulsarnos, hacer lo que la regalada gana les dé y nosotros debemos de agachar la cabeza y rendirles pleitesí­a, darles las gracias porque reconocen sus crí­menes y nos dicen disculpen, hasta ahí­ bien gracias.

El presidente Otto Pérez, la Vicepresidenta Roxana Baldetti y el canciller Harold Caballeros tienen ante sí­ su primera pacaya, dependiendo de cómo actúen y reaccionen así­ serán las actitudes del Gobierno norteamericano, de sus empresarios y ciudadanos.

Lo correcto es que Estados Unidos asuma su responsabilidad, tanto para los ofendidos y sus descendientes como para el Estado de Guatemala. A nosotros nos pueden demandar y pedir indemnizaciones por cada uno de los rieles de una compañí­a que improcedentemente en el Gobierno de ílvaro Arzú se les entregó en concesión y que de forma “chambona” y a saber si no hasta de común acuerdo quiso revocar la concesión í“scar Berger, pero que se haya abusado de 2 mil 82 personas, como dicen las autoridades guatemaltecas, eso debe de enterrarse y quedarse en el olvido.

Veremos asimismo si la sociedad civil, si el foro de abogados, si la Fiscalí­a General de la Nación, si las fundaciones de don “Panchito o doña Panchita” o de cualquier nombre reaccionan o no ante el grosero abuso realizado en violación a esos miles de seres humanos y sus descendientes o es que para que los inviten una vez al año a la embajada norteamericana están dispuestos a no hablar, a no opinar y a no actuar.

Todos sin excepción deberí­amos de ponernos la camiseta de guatemaltecos, actuar y protestar para que las autoridades norteamericanas y ese paí­s en general no puedan quedar impunes. Si con una causa tan clara y justa el Gobierno, la sociedad civil, la cúpula empresarial, las universidades y las autoridades morales y civiles no actúan, comprendamos que no tenemos dignidad.

Todos debemos de estar atentos a la información que se tiene al respecto, a los editoriales de todos los medios de comunicación social que deben de proceder con toda energí­a reclamando justicia y como consecuencia de la justicia universal, requiriendo compensación moral y material hacia el Estado de Guatemala y hacia todos y cada uno de los ofendidos y sus descendientes.

Los principios morales son universales y el presidente Obama, Hillary Clinton, Kathleen Sebelius lo saben perfectamente. El nuevo Congreso de la República deberí­a emitir un contundente punto resolutivo en su primera sesión ordinaria, censurando la actitud de los Estados Unidos y emplazando a las autoridades del Ejecutivo y del Organismo Judicial.