Soñadores tratan de aportar al desarrollo de Haití­


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Ron Duprat, un cocinero televisivo que luce sandalias Crocs y un delantal azul marino, deja de cortar mangos por un momento en el hotel Karibe y ofrece una receta sencilla para este paí­s pobre y que todaví­a no se repone del feroz terremoto de hace dos años.

Por TRENTON DANIEL PUERTO PRINCIPE / Agencia AP

A Haití­, sostuvo, le vendrí­a bien una escuela culinaria, que prepare chefs para que en el futuro promocionen los platos tí­picos, como arroz, habichuelas y cabras.

«Espero poder darle esperanza a chefs que hoy no tienen esperanzas», declaró Duprat, de 42 años, dejando su cuchillo junto a rodajas anaranjadas del fruto. «Todos decimos que queremos construir una Haití­ mejor y más fuerte, pero nadie habla del aspecto hospitalario».

A simple vista, un proyecto de ese tipo puede parecer un contrasentido en Haití­, una nación en la que los altos precios de los alimentos y una escasez crónica hacen que mucha gente pase hambre. Duprat, un haitiano-estadounidense que lleva seis años en el popular programa televisivo «Top Chef: Las Vegas», en la cadena Bravo, dice que la nación necesita iniciativas creativas como la suya para generar esperanza y progreso.

No es el único. Duprat es apenas uno de varios empresarios y sobrevivientes al devastador terremoto de enero del 2010 que promueve ideas que buscan ir más allá de las necesidades básicas de techo y comida.

Un proyecto habla de construir un conservatorio en el que los niños aprendan acerca de Mozart y Tchaikovsky. También se creó un centro para dar préstamos a personas con conciencia social que quieren abrir negocios y un programa que distribuya préstamos entre las personas que tienen problemas como consecuencia de un desastre natural o un contagio de cólera. Esa plaga apareció inmediatamente después del terremoto y afectó a casi 600 mil personas, al tiempo que mató a más de 6 mil 500, según el ministerio de Salud.

Antoine Romel Joseph es otro haitiano-estadounidense con planes ambiciosos para la nueva Haití­. Tras sobrevivir 18 horas debajo de escombros, este violinista casi ciego, que estudió en Juilliard, decidió enseñarle música clásica a la juventud haitiana. Su objetivo es abrir un centro de arte moderno.

Pronto Joseph, de 52 años, se dio cuenta de que primero tendrí­a que demostrarle a los potenciales inversionistas que la niñez haitiana necesita saber de Mozart.

Fue así­ que organizó dos conciertos, uno para enseñarle a los niños los instrumentos musicales y otro para escuchar la música de George Handel y Franz Schubert interpretada por una serie de solistas, en un programa que culminó con un quinteto de piano.

Para hacer realidad la iniciativa, tuvo que conseguir transporte para los músicos visitantes y para un chelo y un contrabajo. Lo intentó durante semanas, y se dio cuenta que la mayorí­a de las empresas de alquiler de autos no tení­an camionetas disponibles.

Finalmente consiguió un vehí­culo, pero el programa comenzó con una demora de dos horas por un atascamiento del tráfico de Puerto Prí­ncipe.

«Todo es difí­cil aquí­», dijo Joseph. «El reto es sortear los problemas. Hay que tener determinación y paciencia».

Joseph admite que la música clásica tal vez no sea una prioridad para la ciudadaní­a haitiana, como pueden serlo la comida, la atención médica y la vivienda, pero insiste en que tiene un valor emocional e intelectual que puede ayudar a los niños a ser más inteligentes.

Mucha gente fuera de Haití­ está tratando de dar una mano.

Muhammad Yunus, premio Nobel que es un pionero del concepto de los microcréditos para los pobres, fijó en Puerto Prí­ncipe la sede de una nueva sucursal de su Grameen Creative Lab, que dio un préstamo de 80 mil dólares a una escuela vocacional y de computadoras.

El centro es una nueva iniciativa de Yunus enmarcada en su visión de que se pueden combatir los problemas sociales mediante el uso de las ganancias para expandir las oportunidades comerciales. Creative Lab planea financiar otros ocho proyectos mediante préstamos de entre 20 mil y 100 mil dólares cada uno, indicó Claudine Francois, su representante en Haití­.

Una de esas propuestas es una planta que extraerá aceite de semillas de jatropha para producir biodiesel para generadores, una gran necesidad en un paí­s donde escasea la electricidad.

«Estamos muy entusiasmados de poner esto en marcha», declaró Francois.

En Miami, un grupo de individuos que competí­an en regatas cuando estudiaban en la Universidad de Miami crearon una organización sin fines de lucro llamada Sails for Sustenance que procura ayudar a los pescadores haitianos aportando velas para que reemplacen los destartalados lienzos que usan muchos de ellos.

Desde que comenzaron a funcionar en el 2007, han recolectado 365 velas valuadas entre 200 y 400 dólares cada una. Sails for Sustenance suspendió sus labores cuando se produjo el terremoto, pero las reanudó en agosto del año pasado, según su presidente y cofundador Michael Carcaise.

«Les permiten a los pescadores desplazarse un poco más rápido», expresó Carcaise, quien tiene 28 años.

Duprat, quien junto a otras personas promovió sus proyectos ante una conferencia internacional de inversionistas en el hotel Karibe, donde ofreció sus servicios de chef como voluntario, se propone abrir no solo una escuela culinaria y un restaurante, sino también una panaderí­a y un jardí­n para cultivar hierbas. El costo serí­a de 50 millones de dólares.

El programa capacitarí­a a mujeres presas para que tengan un oficio cuando recuperen la libertad, señaló Duprat, quien ya tiene un eslogan para la iniciativa, «De la prisión a la cocina».