La tranquilidad de la tarde se tornaba alegre, cuando se anunciaba con gran algarabía ¡ya viene el convite!

El convite es un conjunto de danzas que, en la víspera de la fiesta patronal, recorren las calles de la ciudad para anunciar, el recorrido por donde va a pasar el “Rezado†o procesión de la Inmaculada Concepción y las campanas del templo se echan alegres al vuelo. También, convite es convidar o invitar a una persona para que participe en una fiesta. En este caso es cómo los cristianos –en el culto de hiperdulía- celebran la concepción inmaculada de María, por ser la persona de “mayor gracia y amor†aprobado por el Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática Lumen Pentium.
La familia al completo, abandonaba la casa para tomar el mejor lugar en la esquina inmediata, porque ese era el lugar donde los “fieros†en pareja -hombre y mujer- danzaban al ritmo de una melodía que interpretaba una marimba sencilla de un solo teclado. Eran mozos de las fincas aledañas a la iglesia que ese día se disfrazaban, uno de varón y otro de mujer y se cubrían la cara con máscaras de cedazo fino pintadas toscamente por pintores populares y vestían trajes que alquilaba la Morería de doña Fidelia España, situada en la 7ª calle en el barrio de Santa Lucía. Las mujeres vestían blusa y falda con vuelo, medias y zapatos de tacón mediano de altura o vestido completo. Entonces, las mujeres no usaban pantalón. Esa prenda era sólo para los hombres.
La “partida de fieros†como se les llamaba, hacían las delicias de los vecinos por la forma de bailar, mayormente las mujeres que no acostumbradas al calzado y menos a los tacones altos, bailaban con dificultad y terminaban la jornada con ampollas en los pies.
El temor y la gracia era el “mico†vestido de negro con una larga cola. En una mano llevaba una alcancía y en la otra, un chicote con el que amenazaba a quien se negara dar limosna. De pronto se desprendía del grupo y bailaba sólo dando saltos en forma de caracol. La gente esperaba su gracejo con los “de repente†y estaban atentos a quien se dirigía. Frente a la persona que escogía, bailaba con más gracia y decía: “Yo te saco de repente y te saco de un baúl, para mi frutas me ha de dar, el profesor don Raúlâ€. Le acercaba la alcancía y lo amenazaba con el chicote. A don Raúl no le quedaba otro camino que depositar una moneda en la alcancía. Saltaba al otro extremo y volvía a decir: “yo te saco de repente y de saco de una noria, para mis frutas me ha de dar, la señorita Gloria.â€
Mientras la “partida de fieros†se alejaba en las calles principales empedradas y de tierra el resto como la calle del Chajón y la Calle Ancha, aparecían los “encamisados†vestidos con trajes de tul transparente de varios colores aunque el preferido era el color celeste, similar al manto de la Virgen María. Iban montados en caballos adornados con papel brillante y figuras navideñas. Repartían papelitos con una oración a la Virgen María, inspiración del obrero de la carpintería Juan Solares.
Inmediato iba el encargado de encender la mecha de las bombas, que anunciaban por dónde iba el Convite. Tomaba el mortero y colocado sobre su hombro, avanzaba a la próxima esquina para repetir lo mismo.
Seguían los músicos con tambor y pito de caña. Interpretaban sones de inspiración propia y eran infaltables en los Convites y Rezados antigí¼eños.
El núcleo del Convite eran las seis, ocho o doce carrozas alegóricas. Las camas de las carretas haladas por bueyes, donde se transporta material de construcción, tazol para los caballos, los productos agrícolas y hasta las mudanzas, se aprovechaba para levantar un tablado o un trono.
Hombres y mujeres hacían las veces de artistas y confeccionaban carrozas preciosas. Usaban telas, cartones pintados o flores. El adorno era según el tema que representaran. De preferencia eran niños los actores. Las alegorías eran: un grupo de niños vestidos con trajes regionales. Otra de Pastores con sus ovejas. La anunciación del íngel San Gabriel a la Virgen María. Los Siete Pecados Capitales representados por niños y las Siete Virtudes por niñas. La Virgen de Concepción aplastando una culebra y muchas estampas navideñas y alegorías bien logradas. La carroza temida por los niños, era la de los Siete Diablos porque el Mayor llevaba abierto un gran libro viejo, señalaba a un niño y con una larga pluma de ave, hacía la mueca que escribía su nombre. El niño asustado se refugiaba en los brazos de sus padres o en las enaguas de la abuela. Los demás diablos sonaban una quijada de buey, con voces que infundían temor.
Una vez que pasaba el Convite, los vecinos barrían el frente de su casa y regaban agua para apelmazar la tierra. Preparaban el incensario de barro y las cortinas para adornar las ventanas. En otras casas las cantoras ensayaban los villancicos, para entonarlos al paso del rezado de la Virgen de Concepción.
En Antigua Guatemala, salían dos convites. El de la escuela de Cristo en la víspera de Navidad en honor a la Virgen de la “O†y el del barrio de Santa Lucía en honor a la Virgen de Concepción. La imagen era propiedad de la familia Ruiz Medina, quien la daba en préstamo para el Rezado. Además del tradicional convite de Ciudad Vieja, fueron famosos los de Jocotenango, Pastores y San Luis de las Carretas. Precedían montados a caballo, Moros y Cristianos que en las esquinas y de preferencia en espacios amplios, como la Calle Ancha de los Herreros, el costado de las ruinas de Santa Clara y el Tanque de la Unión, la plazuela de San Francisco y la Plaza Mayor, representaban escenas de la batalla religiosa de conversión. Cada escena terminaba con la quema de cohetes que espantaban a los caballos y los grupos volvían a reunirse en un sitio señalado. La última batalla y rendición de los moros, era el día del rezado en la plazuela de la iglesia frente a la Virgen de Concepción. El parlamento de los bailes y las batallas dedicadas a la Virgen de Concepción, era transmitido verbalmente de padres a hijos o por la persona mayor de edad del pueblo y los escritos son guardados con privacidad entre los Cofrades de mayor rango.
Ciudad Vieja celebra el Convite y la fiesta de la Inmaculada Concepción, desde que fue sede de la ciudad de Santiago de Guatemala, es decir con más de doscientos años de tradición.
En Antigua Guatemala, no era costumbre la “quema del Diabloâ€. Es una tradición propia de la ciudad de Guatemala. El Convite sí. Tradición antigí¼eña de lejanos años. Todos los vecinos lo gozaban al igual que el rezado de la Virgen de Concepción, con la tradición de comer buñuelos en miel y beber ponche caliente para mitigar el frío. Esta estampa es de otros y lejanos tiempos.