Ayer, desesperado por la falta de recursos luego del desorden financiero de este año a causa de la inversión que se hizo para promover la fallida candidatura de quien fuera su esposa, el presidente Colom dijo que el Congreso es un mercado, descubrimiento no sólo tardío sino, además, cínico, porque si los diputados son mercaderes, como efectivamente ocurre, han contado con la ayuda de un marchante que no vacila en ir al mercado a comprar voluntades cada vez que hace falta y que contribuye a la prostitución de nuestro Poder Legislativo. Ese marchante, ahora, se llama ílvaro Colom pero antes que él jugaron el mismo papel quienes han pasado por la Presidencia de la República y sobornan a los diputados con sobres, dobletes, contratos para ONG o cualquier otra transa que se convierte en ese recinto en moneda de curso legal.
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Lo que dijo Colom es absolutamente cierto, pero debió decirlo desde hace cuatro años, cuando era candidato y sabía perfectamente lo que pasaba en el Congreso porque su misma bancada era parte de ese funesto juego. Y debió remacharlo al tomar posesión para advertir a los diputados que denunciaría cualquier extorsión, cualquier chantaje, para ponerle fin a la práctica macabra de comprar y vender votos cada vez que hace falta conformar la mayoría.
Y más grave aún es que ese problema no terminará cuando fenezca este período de gobierno, sino que la práctica se encuentra tan enraizada que el futuro presidente y el próximo gobierno tendrán que participar de ese juego de chantaje y extorsión que tan hábilmente manejan algunos diputados que son los verdaderos titiriteros que mueven los hilos del entramado nacional.
Hace pocos días vino el vicepresidente Espada a entregarme copia del acuerdo gubernativo que crea la Condecoración a la Transparencia que lleva el nombre de Clemente Marroquín Rojas. Le dije que si quería hacer algo útil en la Vicepresidencia, que aprovechara estos meses para denunciar desde esa tribuna cómo funciona la corrupción, cómo está prostituida la gestión pública para que la gente entienda que no es problema de personas sino de un sistema diseñado para que robe o deje robar hasta el más probo de los funcionarios porque si quiere continuar en el puesto no le queda más remedio que seguir las instrucciones superiores para otorgar contratos o hacer compras de acuerdo con las disposiciones que vienen de arriba.
Le decía yo a Espada que luego de haber abdicado él en sus funciones constitucionales, usurpadas por Colom que fue el verdadero vice de la Presi que fue su esposa, le podría hacer un enorme servicio al país si denuncia lo que vio desde adentro, lo que pudo comprobar él de cómo es que está podrida la institucionalidad gubernamental y lo hace con el ánimo no de revancha ni de cobrar facturas, sino para poner el dedo en la llaga sobre las formas en que nos pone de rodillas a todos los guatemaltecos la corrupción.
Me dijo que pensaba escribir un libro. Mi respuesta fue que será otra “Rendición de cuentas†para zafar bulto y explicar el fracaso, pero no un aporte para enderezar las cuestiones con señalamientos concretos de cómo es que funciona el sistema. Cierto que no podrá acusar directamente a ningún contratista, a ningún vendedor de autos o de medicinas porque le saldría el tiro por la culata al no aportar pruebas sobre trinquetes tan bien hechos, pero con decir el milagro sin mencionar al santo estaría ya haciendo mucho para abrirle los ojos a un pueblo que sigue pensando que el problema es de personas y que cambiando a Portillo por Berger se componía todo, sin darse cuenta que el mar de fondo es demasiado profundo y que en esas aguas se bañan todos.