Se mueren


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En mi paí­s la gente no muere sólo por tener muchos años o por una enfermedad incurable. En mi paí­s las personas mueren porque hay muchos (y muchas claro) que conducen irresponsablemente, bajo efectos de alcohol y estupefacientes. Pero en mi paí­s la gente muere también por salir a trabajar; y es que en los buses muchas veces la muerte los espera detrás de un delincuente que con libertad total desenfunda el arma y apaga una vida a cambio de un celular.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

 


Las personas en mi paí­s no mueren sólo por el frí­o que pasan en las noches en las calles oscuras; pierden la vida cuando el rí­o se desborda, cuando el volcán se derrama, cuando las lluvias no cesan.

En mi paí­s muchas personas no mueren completas, sus brazos no encuentran el resto de sus cuerpos, sus cabezas ruedan perdidas, degolladas.

Las personas en mi paí­s mueren desde pequeñas. Niños y niñas terminan sus dí­as, que apenas amanecen por balas, machetazos, cuchillazos y golpes. Pero hay más: en mi paí­s, los niños y niñas mueren por hambre como en ningún otro lado en el mundo. La desnutrición los acaba.

En mi paí­s las personas parecen no enterarse de todo esto. Las personas que gobiernan y gobernaron mi paí­s, simplemente hacen caso omiso de este tema y la gente se muere.

En mi paí­s se muere por hambre, se muere por pobreza, se muere porque algunos así­ lo quieren y porque a muchos no les importa.

Las personas en mi paí­s no saben al salir por la mañana si regresarán por la noche. Muchos niños y niñas de mi paí­s, jamás irán a la escuela porque no cumplirán cinco años o porque no podrán ni moverse, ni pensar, ni entender, lo cual también los va matando.

En mi paí­s se mueren. Las personas de mi paí­s se mueren. Estoy lejos, muy lejos viendo todo lo opuesto, pensando que en mi paí­s y en otros paí­ses a casi nadie le importa esto.