Desigualdad y violencia condenan a la niñez al subdesarrollo


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La desigualdad tiene un precio, y quienes más caro la pagan son los menores de edad en condiciones de pobreza, incluso, los que todaví­a no han nacido y al dejar el vientre de su madre se encontrarán desnutridos, en un clima social hostil y con escasas oportunidades de desarrollo. Condenados antes de nacer, niños y niñas guatemaltecos sólo pueden dibujar un oscuro futuro para el paí­s, que difí­cilmente variará sin propuestas serias para atender sus problemas.

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JAVIER ESTRADA TOBAR
jestrada@lahora.com.gt

El clima de violencia y la pobreza, que genera escasas opciones de desarrollo en la mayorí­a de la población, son las causas que pintan un panorama desalentador para la niñez y adolescencia, de acuerdo con estudios realizados por diferentes organizaciones nacionales y extranjeras sobre la situación en el paí­s.

Un informe sobre el costo del hambre en Guatemala, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), refiere que “más de un millón de niñas y niños de entre cero y cinco años de edad pasan hambre en Guatemala”.

El riesgo es el mismo para cerca del 60 por ciento de las 400 mil niñas y niños que nacen cada año en el paí­s, y por eso, el reto es que “estén protegidos frente a la desnutrición desde la gestación, durante el alumbramiento y después de éste hasta cumplir los cinco años de vida”.

Al respecto Nidia Aguilar, defensora de la Niñez y la Adolescencia de la Procuradurí­a de Derechos Humanos (PDH), señala que la desnutrición está  predestinando a la niñez guatemalteca al subdesarrollo, y por eso, urge la planificación y aplicación de medidas para contrarrestar el problema.

“Más del 50 por ciento de los niños sufren desnutrición y les estamos limitando su derecho a  tener una vida digna” por lo que asegura que se deben “incrementar los recursos para la nutrición especial de los niños y las niñas”.

La atención nutricional, según Aguilar, es esencial desde los primeros meses de gestación hasta los cinco años, pero debe haber planes de seguimiento para garantizar una vida de calidad a la niñez.

En ese sentido, refiere que hay una polí­tica que se ha estado fortaleciendo y “están esperando trazar una ruta para atender a los niños”.

UNICEF recalca que la desnutrición crónica no sólo refleja el crecimiento inadecuado de los niños y las niñas, sino que también provoca disminución de sus capacidades fí­sicas y mentales, y lo peligroso es que debilita su salud y afecta el desarrollo del cerebro y la inteligencia.

Agrega que lo más grave es que pasados los dos años de edad, las consecuencias y los daños causados por la desnutrición son para toda la vida.

A la larga, un niño desnutrido tendrá también mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas, será un adulto menos productivo, con menores ingresos y tendrá mayores probabilidades de ser un adulto pobre.

AMENAZA DIRECTA
Superar la barrera de la desnutrición –y las muertes causadas por enfermedades que se derivan de esa condición– es sólo el primer paso para la sobrevivencia, pues según la PDH, afrontar el clima de violencia e inseguridad es otra complicada  misión para la mayorí­a de los menores de edad.

Informes de la oficina de ombudsman destacan que de enero de 2008 a agosto de 2011 han muerto de forma violenta mil 771 niños y niñas, y 3 mil 515 han resultado heridos.

Sólo de enero a septiembre de este año, la PDH contabilizó 328 muertes violentas de niños y adolescentes, al tiempo que registró 893 lesiones de consideración contra menores de edad. Al menos nueve menores de entre cero y dos años perdieron la vida en lo que va del año.

Los datos podrí­an ser mayores a los reportes oficiales, mientras que no todas las autoridades reciben las denuncias o bien, las ví­ctimas no pueden demandar justicia.

De esa cuenta, en estimaciones de UNICEF, un promedio de 46 niñas y niños mueren violentamente cada mes. La mayorí­a de ellos son adolescentes y la principal causa de muerte es por arma de fuego. Al menos 4 niños mueren cada mes por “balas perdidas” y muchos más resultan heridos por encontrarse accidentalmente en medio de un tiroteo o asalto.

Nicolás Pacheco, del Movimiento Social por los Derechos de la Niñez, refiere que la situación de la niñez y adolescencia frente a la inseguridad vislumbra un futuro “con más violencia”.

“No tenemos que recoger más cadáveres de niños, tenemos que actuar ahora y prevenir la violencia con acciones claras, y con el compromiso de los polí­ticos”, apunta.

Pacheco considera que la estrategia debe partir de la reducción de la desigualdad social. “En Guatemala hay miseria, aunque el gobierno diga que hay menos pobreza”, refiere.

De acuerdo con la PDH, la violencia intrafamiliar y sexual afecta más a las niñas; según las estadí­sticas, de 651 casos, 443 corresponden a niñas y 208 a niños.  En relación a los delitos sexuales se documentan mil 430 denuncias, mil 352 pertenecen a niñas y 78 a niños.

RIESGO PERMANENTE
Al mismo tiempo, existen otros factores que empañan la vida de los niños, como el trabajo infantil y el riesgo a ser ví­ctimas de trata y agresiones sexuales.

Según Organización Internacional del Trabajo, hay más de un millón de niños trabajadores en Guatemala.

De esa cuenta, el paí­s ocupa a nivel centroamericano el primer lugar con cifra más alta de niños trabajando, que se ocupan de tareas riesgosas en los sectores de la agricultura, pesca, oficios domésticos y trabajo en las calles.
 
Otros datos de grupos que ven temas de niñez señalan que en el paí­s hay 1.5 millones de niños trabajadores de 5 a 17 años. Los lugares donde se da más el trabajo infantil son Quetzaltenango, San Marcos, Quiché y Huehuetenango.

Adicionalmente, los menores en condiciones sociales frágiles se encuentran altamente vulnerables a flagelos como la explotación sexual y trata, así­ como al maltrato dentro de sus hogares.

Leslie Martí­nez, coordinadora del Proyecto contra Violencia y Trata de la Organización Save the Children, refiere que a pesar de los avances en la aplicación de la legislación contra la trata de personas, este flagelo es aún una seria amenaza para la niñez y adolescencia guatemaltecas.

Esto, principalmente, porque el paí­s es un área de origen, tránsito y destino de las ví­ctimas, y debido a los altos í­ndices de impunidad que afectan al sistema de justicia nacional, no excluye a la niñez y adolescencia entre los afectados.

La experta refiere que de los 13 diferentes tipos de trata, los embarazos forzados y las adopciones irregulares son dos formas del delito que afectan a la niñez, incluso antes de su nacimiento.

Martí­nez refiere que sólo educando a la población sobre la importancia del combate a la trata, así­ como la promoción de la justicia, puede cambiar el rumbo de esta situación.

En la misma medida, los analistas consultados refieren que además de los planes de gobierno que deben ejecutar las próximas administraciones en el Ejecutivo, es necesario orientar las polí­ticas públicas del Estado a la solución de las causas que generan la desigualdad social y la violencia.

50%
De los niños y niñas menores de 5 años sufren desnutrición, refiere la PDH.

46
Menores de edad, en promedio, mueren violentamente cada mes, dice UNICEF.

1.5
Millones de niños y niñas trabajan en Guatemala, de acuerdo con la OIT.

“Más de un millón de niñas y niños de entre cero y cinco años de edad pasan hambre en Guatemala”.
UNICEF

“Más del 50 por ciento de los niños sufren desnutrición y les estamos limitando su derecho a  tener una vida digna”.
Nidia Aguilar
PDH

“No tenemos que recoger más cadáveres de niños, tenemos que actuar ahora y prevenir la violencia con acciones claras, y con el compromiso de los polí­ticos”.
Nicolás Pacheco
Activista