Los revolucionarios se reagruparon hoy en las afueras de Bani Walid después de haber sido rechazados por la enérgica resistencia de los seguidores de Moamar Gadafi, mientras los comandantes lanzaban otra ofensiva contra Sirte, la ciudad natal del dictador depuesto.
Por el momento no había indicios de que los revolucionarios planearan otro ataque en Bani Walid, un enclave montañoso 140 kilómetros (90 millas) al sudeste de Trípoli. Los atacantes se replegaron el viernes ante el fuego de francotiradores y artilleros que ocupan posiciones estratégicas sobre el valle de entrada a la ciudad.
«Este podría ser el peor frente en Libia», comentó Osama al-Fassi, que se unió a otros ex rebeldes en un local donde bebían café y practicaban tiro al blanco con botellas de plástico. «No creo que tengamos órdenes de avanzar hoy».
Mientras tanto, más familias huían de la ciudad. Por lo menos una docena de automóviles salió durante una pausa en la lucha.
Un empleado público de 50 años que salía con su familia, Ismail Mohamed, dijo que las fuerzas partidarias de Gadafi eran «demasiado fuertes» dentro de Bani Walid y sugirió que existe una brecha generacional entre los jóvenes que respaldan la revolución con los brazos abiertos y los libios de mayor edad que no están seguros de que las fuerzas revolucionarias puedan brindar estabilidad.
«Los jóvenes querían esta revolución y a veces uno no puede controlar a su propio hijo», comentó.
La firme defensa de los bastiones de Bani Walid y Sirte, en la costa del Mediterráneo, revela la potencia de fuego y determinación de los defensores de Gadafi, e indica que los nuevos gobernantes de Libia podrían no vérselas fáciles para liquidar los focos de resistencia. También planteó temores de que la nación llegue a enfrentar una insurgencia persistente como ocurre en Irak y Afganistán.
«Los leales a Gadafi tienen demasiadas armas», se lamentó el viernes Maab Fatel, un combatiente de 28 años en el frente de Bani Walid.
Las fuerzas revolucionarias avanzaron ayer sobre Bani Walid pero se replegaron después que no pudieron desalojar a los francotiradores y artilleros de Gadafi de posiciones estratégicas.