Esta mañana el ingeniero ílvaro Colom fustigó a los candidatos presidenciales que están prometiendo mantener los programas sociales y les recordó que los errores políticos se pagan caro. Seguramente se trata de la voz de la experiencia porque pocos gobernantes saldrán pagando tanto por sus metidas de pata como el actual Presidente y, más que eso, pagará el precio de haberse dejado mangonear a lo largo de su gestión sin ejercer el papel para el que fue electo, delegando en la fuerte personalidad de su esposa las decisiones más importantes y trascendentes.
ocmarroq@lahora.com.gt
Ya se anuncia que en próximos días estará en las librerías la “rendición de cuentas†que tardíamente hace Juan Alberto Fuentes Knight quien destaca el papel que jugó la entonces primera dama en el manejo de las cuestiones financieras. Es bueno que se conozcan esas interioridades, aunque mejor hubiera sido que en su momento, desde el mismo Ministerio de Finanzas, el titular de la cartera pusiera en evidencia a los diputados sinvergí¼enzas que ejercían chantajes y a la esposa del Presidente que asumía un papel decisivo sin autoridad de ninguna clase, para interferir de esa manera en la toma de decisiones en el aparato del Estado.
Coincido con Colom en que los candidatos están hablando babosadas, pero ni él escapó de ese vicio cuando fue candidato ni lo superó cuando alcanzó el poder y, lo más grave, resignó el mando al nada más ser investido Presidente de la República en quien fue el verdadero poder tras el trono. Y si alguien tiene la menor duda de cómo se pagan los errores políticos, basta ver lo que para el partido de gobierno significó el error político de que nadie, ni su “líder natural†ni alguna otra persona, tuviera la sensatez y sobre todo el valor para hacerle ver a la primera dama que tenía impedimento legal y que no sería inscrita. Ante el temor a una gritada de padre y señor mío, todos siguieron el ejemplo de Colom y apechugaron ante los deseos de doña Sandra. Hoy, la UNE tiene que pagar ese costoso error político.
Basta ver la anodina presidencia que quedó luego del divorcio para entender quién tenía los pantalones en el que, para taparle el ojo al macho, publicitaron como el “Gobierno de ílvaro Colomâ€. Puras babosadas y ahora, cuando ya no está la mano de su esposa para hacer de titiritero, se mide en su verdadera dimensión el papel de este individuo.
Habrá que ver si en el libro del ex ministro de Finanzas se explica cuántas transferencias fuera de criterio técnico fueron aprobadas y avaladas luego de las instrucciones precisas que recibían no del Presidente de la República, sino de su esposa quien realmente tomaba las decisiones importantes. Habrá que ver si en ese libro podemos seguir la pista de los chantajes que hacían los diputados y cómo era que se salían con la suya para terminar dando el voto en momentos decisivos. Veremos si la no aprobación del presupuesto que se tradujo en un mayúsculo desorden financiero, fue culpa de la oposición o del oficialismo al que convenía el relajo para mover partidas de un lado a otro.
Todos esos son errores políticos y, como bien dijo hoy al pontificar y darnos lecciones el poco codiciado soltero mayor del país, se pagan caro. Poco a poco se verá el contraste entre el “Gobierno de ílvaro Colom†cuando era dirigido por su esposa y el de ahora. La transa y el lema en la propaganda seguirán siendo lo mismo hasta el 14 de enero del año entrante, pero no cabe duda que, para bien o para mal, el poder tras el trono hacía la diferencia.