¿Hacia una nueva crisis económica internacional?


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Los acontecimientos económicos de los últimos meses han mostrado que a pesar de los esfuerzos de los diferentes paí­ses en desarrollo por enfrentar la crisis económica, han sido infructuosos y contrariamente a los resultados esperados, lo que ha ocurrido es una prolongación de la crisis económica y una profundización severa en el desempleo.

Juan José Narciso Chúa

 


Pareciera que los instrumentos utilizados y su pertinencia en términos de la coyuntura y el tiempo no han mostrado tener el efecto positivo que se esperaba, sino al contrario, han producido un letargo adicional en el sistema económico, que hoy nos deja a las puertas de una nueva desaceleración económica, en el mejor de los casos, o  ante una potencial recesión económica.

Después de lo ocurrido en el 2008, a  partir de la crisis inmobiliaria que se originó en Estados Unidos y se llevó a un montón de bancos no sólo en ese paí­s, sino en todo el mundo, así­ como motivó una crisis seria en el mercado inmobiliario, que todaví­a no se recupera del todo en el gigante del norte, parecí­a que los mitos de la desregulación mostraban sus grandes debilidades y evidenciaba que dicha desregulación únicamente favorecí­a a ciertos grupos de interés y a los propios banqueros, quienes se aprovecharon de dicho espacio sin control, para realizar sus negocios más absurdos y corruptos por demás.

Los planes de salvataje financiero propiciaron un proceso de recuperación de carteras para algunos bancos, mientras otros se terminaban cerrando, incluso algunos que se estimaban históricos como bancos de inversión cayeron pagando el precio de sus irresponsabilidades.

La discusión sobre el papel de la FED en Estados Unidos continuó siendo el centro del debate y se cuestionaron muchos de los instrumentos del Consenso de Washington, que se caí­an por su propio peso.  Sin embargo, ello en lugar de impulsar cambios significativos en los instrumentos de manejo económico, tanto en Europa como en Estados Unidos, profundizaron el uso de herramientas de contención del déficit por la ví­a de reducción del gasto público que implicó recortes significativos en puestos de trabajo en ámbitos del propio Estado, reducciones en gastos sociales como los seguros del desempleo y también se incrementaron los años para las jubilaciones.

Este impulso de continuar enfriando la economí­a se profundizaron con las crisis de los denominados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), en donde a partir de endeudamientos sin respaldo por la ví­a de los ingresos o impuestos, generaron severas crisis de pago y donde han tenido que recurrir al salvataje para tres de estos paí­ses y motivaron con ello a las potencias grandes a incurrir en mayores recortes de gasto en los paí­ses emblemáticos como Francia, Inglaterra y Alemania.

Hoy la situación no se dibuja positiva, al contrario, las crisis de desempleo en las que se desenvuelven los diferentes paí­ses en desarrollo, con mayores condiciones de gravedad en Estados Unidos, en donde el acuerdo para incrementar la deuda entre republicanos y demócratas terminó por dejar en condiciones muy débiles al actual régimen del presidente Obama, pues centró dicho acuerdo en la reducción de gastos y evitó la imposición de nuevos tributos a determinado sectores privilegiados, han mostrado que la concentración del esfuerzo económico en reducir los déficit fiscales, terminó por deteriorar la economí­a real de los paí­ses en términos del desempleo y del cierre de múltiples empresas, con lo cual se avizora una nueva crisis económica, que puede terminar en una recesión, que vendrí­a a afectar a Guatemala, a partir de una reducción de la demanda externa con lo cual se verí­an afectadas nuestras exportaciones, que han venido mostrando un comportamiento positivo.

De ser así­, la recuperación económica paulatina después del 2008, nos puede dejar en una situación mayormente vulnerable como economí­a, en un paí­s en donde el paí­s requiere de un debate serio sobre una mejora sustantiva y sostenible en sus ingresos tributarios y un manejo responsable de la deuda.  Un momento complicado que demanda actuar con responsabilidad.