Feliz Solemnidad de la Asunción de la Virgen Marí­a


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El lunes 15 de agosto de 2011, Monseñor í“scar Julio Vian Morales, Arzobispo de Guatemala, ofició a las 10:00 horas en la Catedral Metropolitana la Santa Misa en honor a la Virgen de la Asunción, Patrona de la Ciudad de Guatemala. En su Homilí­a pronunció lo siguiente: “Hermanos y hermanas, estimados sacerdotes aquí­ presentes que me acompañan en esta solemnidad de la Virgen de la Asunción y en la celebración de mis 35 años de vida sacerdotal: La fiesta, la solemnidad de la Asunción de Marí­a al Cielo, es la fiesta de Marí­a, la más solemne de las fiestas que celebra la Iglesia aquí­ en Guatemala.

Grecia Aguilera

 


Este dí­a, festejamos todos los misterios de la vida de Marí­a. Se resumen hoy, en la Asunción, todos aquellos misterios que hemos celebrado durante el Año Litúrgico acerca de Marí­a. El Papa Pí­o XII definió como Dogma de Fe la Asunción de Marí­a al Cielo en cuerpo y alma, el 1 de Noviembre de 1950. Pero sabemos que esta advocación viene de siglos atrás, de hecho recordemos el ‘Valle de la Ermita’, ‘Guatemala de la Asunción’, porque ya vení­a en nuestro corazón y en nuestros labios la advocación de la asunción de Marí­a, la Virgen del Tránsito. La Asunción es un mensaje de esperanza, que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la Gloria de Dios y en la alegrí­a de tener una madre que ha alcanzado la meta a la que nosotros vamos caminando. Marí­a es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida sin pecado original, y por tanto ‘creatura’ purí­sima, su alma nunca se corrompió, su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado de Dios. Toda la Liturgia de hoy está impregnada de un profundo sentido de alegrí­a, que hace explosión desde la antí­fona de entrada que dice: ‘Alegrémonos todos en el Señor y alabemos al Hijo de Dios junto con los ángeles, al celebrar la Asunción al Cielo de nuestra madre, la Virgen Marí­a.’ A este ambiente de gozo y de participación nos llevan las tres lecturas que ya hemos escuchado (Apocalipsis 11, 19; 12, 1-6, 10. Salmo 44 y Corintios 15, 20-27). El Evangelio (San Lucas 1, 39-56) nos ayuda a descubrir las últimas raí­ces de esta prodigiosa y anticipada victoria de Marí­a sobre la muerte. Se trata de su Fe absoluta en las palabras del íngel, y de su total abandono a la iniciativa y a la acción de Dios en Ella. Marí­a fue capaz de vencer a la muerte, porque ya antes habí­a vencido por la Gracia de Dios al progenitor de la muerte que es el pecado. Isabel celebra la grandeza espiritual de Marí­a y reconoce su especial misión en la historia de la salvación. Marí­a en su respuesta quiere no tanto expresar su alegrí­a, cuanto celebrar la grandeza y bondad infinitas de Dios que se exalta en los humildes, en aquellos que se abren plenamente a í‰l y le permiten realizar grandes cosas también en débiles instrumentos humanos. Al celebrar la Asunción de Marí­a, no debemos separar esta fiesta de la totalidad de su misterio; entonces comprenderemos que en Marí­a maduran y se hacen realidad los destinos del mundo: el de la vida y de la muerte, los de la Tierra y los del Cielo. En la Tierra, todos queremos llegar a Dios, y por este fin trabajamos todos los dí­as, ya que esa es nuestra esperanza: llegar a la Vida Eterna, llegar a donde está Jesús con Marí­a. Marí­a ya lo ha alcanzado, lo que ella ya posee nos anima a nosotros a alcanzarlo también. Hermanos y hermanas, proclamemos siempre a Marí­a como nuestra madre, demostrémosle nuestra devoción, no tengamos miedo y no nos avergoncemos de proclamar este amor a Marí­a Santí­sima. Así­ como tantas veces decimos que hemos de demostrar y luchar por ser descaradamente Católicos, también hemos de proclamar que somos descaradamente Marianos. Amemos a Marí­a, y hoy celebremos su solemnidad… ¡Felicidades a Guatemala de la Asunción!”