Población del cuarto mundo en busca de la esperanza para sobrevivir


Las estimaciones de la PDH refieren que en el paí­s hay alrededor de un millón 800 mil familias sin vivienda digna, como efecto de que los gobiernos municipales no han generado una planeación que permita darle una respuesta a las personas que viven en basureros como tal y en los asentamientos que desafortunadamente no tienen acceso al derecho a la vivienda. FOTOS LA HORA: ARCHIVO

Según estimaciones oficiales, en Guatemala la pobreza alcanza alrededor del 54 por ciento de la población; es un sector que a diario libra una lucha para sobrevivir y a la vez intenta alcanzar un mejor nivel de vida, en medio de la violencia, la crisis económica y la segregación social, que hasta la fecha no se han combatido con polí­ticas públicas de largo plazo.

Eddy Coronado
ecoronado@lahora.com.gt

Doña Lorena es una madre soltera con cinco hijos, que vive a un costado del basurero de la zona 3 capitalina, el lugar donde ha visto crecer a sus pequeños y donde lucha por encontrar una luz de esperanza que le permita alcanzar mejores condiciones de vida para su familia.

En los alrededores del vecindario se observa una pared que está a punto de derrumbarse; ésta divide la colonia Piedra Santa del basurero. Entre los callejones del asentamiento se observan improvisadas casas hechas con lámina y pedazos de madera, entre las que se encuentra a varios jóvenes, de entre 14 y 26 años, quienes no ocultan su vicio por el pegamento,

Las condiciones de vida son complicadas. Doña Lorena dedicó toda su vida al basurero de la zona 3, hasta que un accidente le impidió volver a cargar bultos pesados. Sin embargo, los deseos y la esperanza de superación la mantienen trabajando por sus hijos, a quienes ha dado alimentación y vestido como resultado de las muchas horas bajo el sol que dedica a la búsqueda de botellas de plástico y aluminio, que luego vende para el negocio del reciclaje.

A su esposo lo asesinaron en los alrededores de la colonia hace 15 años, dice doña Lorena; desde entonces vive con sus hijos, en una humilde casa de lámina, en donde tres camas y una estufa son su único y más preciado mobiliario, instalado en la única habitación que sirve como sala, comedor, cocina y dormitorio.

Pero es feliz, cuenta. Todos los dí­as vende cosas usadas en la terminal, cerca de la otrora lí­nea del tren, mientras que sus hijos se dedican a recolectar desechos reciclables dentro del basurero.

«Muchos dicen que es malo poner a trabajar a sus hijos, pero muchas veces no hay padres o como en mi caso que estoy sola», cuenta doña Lorena, quien relata cómo hace todo lo posible por asegurarle la educación a sus hijos, pero también tienen que trabajar.

Marlon, hijo de doña Lorena, recién cumplió la mayorí­a de edad, desde los seis años trabaja en el basurero porque tiene que ayudar a su madre. Recuerda que junto con otros menores se metí­an como «ilegales», corriendo el riesgo de que si los policí­as los miraban les pegaban y echaban. «Es riesgo y todo, pero ellos no conocen la necesidad», razonó.

Doña Lorena trabaja todos los dí­as y junto con el dinero obtenido de los objetos recolectados por algunos de sus hijos junta lo necesario para subsistir, porque ahorrar para pensar en otros gastos es casi impensable, debido a que «aquí­ estamos ganando a diario y a diario gastamos, así­ se vive al dí­a. Si uno no comiera pues ahorrara todo, pero como no».

Aunque, los hijos más pequeños estudian y sueñan con que todos puedan graduarse del nivel medio, doña Lorena pide al Gobierno que promueva becas para ese sector, porque cuenta que en el vecindario «hay muchos niños que quisieran estudiar» pero los padres no cuentan con el dinero suficiente para comprar útiles escolares y uniforme o zapatos, por lo que deciden dejarlos fuera.

CUARTO MUNDO

Doña Lorena participa en los talleres que la organización Cuarto Mundo realiza en algunas zonas pobres del paí­s para promover la realización de manualidades que después pueden ser vendidas y convertirse en una forma de empleo, entre otras actividades.

El objetivo de este movimiento es permitir la expresión y desenvolvimiento de personas que viven en situación de extrema pobreza y que nunca tienen voz en la sociedad, así­ escucharlas, tomar en cuenta su experiencia única, reconociendo su dignidad y capacidad de participar en la construcción del paí­s.

El término Cuarto Mundo es quizá más bien un termino descriptivo, designado al movimiento internacional por su fundador Joseph Wrésinski, acuñado a esas personas que muchas veces son excluidas de la sociedad por su misma condición de pobreza y que pertenecen a otro mundo, con sus destrezas y problemas.

Linda Garcí­a, quien es una voluntaria permanente del movimiento Cuarto Mundo, detalló que entre los talleres que realizan hay bibliotecas de calle en las que leen libros y comparten con personas de lugares como el basurero de la zona 3, en la zona 18 y zona 21, en los linderos de la ciudad, donde se encuentran las familias con mayor necesidad.

CADA VEZ MíS

Ante las estadí­sticas desalentadoras «es una situación desafortunada en la que nos encontramos, porque no queremos ser profetas del desastre y psicólogos del desencanto, pero el cuarto mundo en lugar de disminuirse va a estar profundizándose, porque cada vez son más grandes los sectores de la población que están en las condiciones de rechazo de postergación y es una situación flagelante para la condición humana», lamentó Rolando Yoc, director de Incidencias Públicas de la Procuradurí­a de los Derechos Humanos (PDH).

Las estimaciones de la PDH refieren que en el paí­s hay alrededor de un millón 800 mil familias sin vivienda digna, como efecto de que «los gobiernos municipales no han generado una planeación que permita darle una respuesta a las personas que viven en basureros como tal y en los asentamientos que desafortunadamente no tienen acceso al derecho a la vivienda», insistió Yoc.

Aunque existen programas que intentan darles a las familias respuesta a sus necesidades, estos muchas veces no son suficientes y la mayorí­a de atención recibida por las familias más pobres es por movimientos de organizaciones no gubernamentales, por lo que a decir del defensor de los derechos humanos, «es una tarea pendiente del Estado».

La PDH asegura que han exigido en varias ocasiones a las autoridades, tanto centrales como locales, que implementen polí­ticas públicas de salud y educación, esenciales para contrarrestar los problemas en las comunidades de mayor pobreza y recomiendan que los programas tienen que ser integrales en el inmediato, corto y largo plazo, porque cada vez las condiciones de pobreza generan niveles de incomodidad en el desarrollo integral de la población.

Aunque, «los programas son un paso inicial pero no son un elemento total, así­ que creemos que en este sentido se requiere situaciones de respuesta mayor y de mayor profundidad», recomendó el director de Incidencias Públicas de la PDH, quien además dijo que «se supone que si nosotros empezáramos hoy el camino del desarrollo, necesitáramos 200 años para lograrlo».

Hace tres años habí­a una tasa de desnutrición de niños menores de cinco años del 48 por ciento y ahora las exposiciones de los expertos nos dicen que llegamos al 52 por ciento, significa entonces que los programas sociales «pueden estar muy bien planteados, pero en la práctica no están haciendo la injerencia correspondiente», resaltó el experto de la Defensorí­a de Derechos Humanos.

Por lo que explicó que es necesario revisar mejor nuestras prioridades y los mapas respectivos de pobreza, «a lo mejor están allí­, pero con las estadí­sticas que tenemos no encontramos la respuesta que permita eliminar estos flagelos».

Yoc, por último, recomendó que para comenzar ese camino al desarrollo es necesario que la población consolide la ciudadaní­a que se traduce en fiscalización y auditorí­a social de los tres organismos del Estado, puesto que «no hay otra varita mágica más que despertar ciudadaní­a».

POBREZA

El Programa Mundial de Alimentos (PMA), hace algunos años habí­a advertido que los niveles de pobreza y pobreza extrema se habí­an incrementado en Guatemala debido al alza en los precios de los alimentos en el mercado internacional.

Según el estudio del PMA, el encarecimiento de los productos de la canasta básica de alimentos registrado en el último año habí­a elevado los niveles de pobreza a 54%, y los de extrema pobreza a 20.2%.

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2006, el 51% de los, en ese entonces, 13.3 millones de guatemaltecos viví­an en condiciones de pobreza, y el 15.2% en extrema pobreza, sin embargo por el aumento de la población los porcentajes según los expertos en lugar de disminuir han subido.

La experta en desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Linda Asturias, enfatizó que se debe analizar cuál ha sido el papel que las municipalidades están realizando para brindar los servicios básicos y mejores condiciones de vida a estas personas.

La experta del PNUD también detalló que existe una extensa serie de factores que contribuyen a que las familias no puedan salir de la pobreza, pero reconoció que iniciativas que se han implementado en paí­ses como México, Colombia y Brasil, donde se ejecutan programas de transferencias condicionadas, se ha logrado romper el cí­rculo intergeneracional de la pobreza.

«Pero esas estrategias son a largo plazo porque lo que buscan es invertir en la niñez para asegurar sus condiciones de salud y educación, y luego que se puedan insertar exitosamente en el mercado laboral», explicó la experta, quien recomendó no hablar de la experiencia en Guatemala porque es muy reciente y todaví­a no se han conocido del todo las evaluaciones de su aplicación.

Según el análisis de Asturias, en educación, para que una familia pueda salir de la pobreza se necesita que en las nuevas generaciones haya una mayor escolaridad y que estas tengan por lo menos la secundaria completa, es decir graduados de bachiller, secretarias o un perito contador.

Otro factor, según la experta son las condiciones de saneamiento ambiental, porque si no hay buenas condiciones eso va a repercutir en la salud de las personas y un tercero es la desnutrición crónica, porque si los niños están desnutridos desde pequeños cuando llegan a la escuela les afecta en su atención en clase y rendimiento, luego eso incide en el abandono escolar.

En suma, los expertos recomiendan la aplicación de medidas paliativas para enfrentar la situación de pobreza extrema, y la implementación de polí­ticas públicas por los gobiernos centrales y locales, que permitan reducir los í­ndices de desigualdad y pobreza en un largo plazo.

«Es una situación desafortunada en la que nos encontramos, porque no queremos ser profetas del desastre y psicólogos del desencanto, pero el cuarto mundo en lugar de disminuirse va a estar profundizándose, porque cada vez son más grandes los sectores de la población que están en las condiciones de rechazo de postergación y es una situación flagelante para la condición humana.»

Rolando Yoc, director de Incidencias Públicas de la PDH