Habitualmente los libros presentados en este espacio del sábado los suelo elogiar y proponer para mis lectores. Alabo sus virtudes, celebro su profundidad, exalto su pericia narrativa y hago casi una apología de ellos. A veces exagero, soy consciente de ello, pero, la verdad, no hago sino proponer lecturas que me gustan. Casi nunca escribo en este espacio sobre libros presuntamente malos.
Con todo, no vaya a creer el lector que siempre leo libros buenos. En ocasiones también me equivoco. Voy a la librería, me seduce una portada, ojeo las páginas y engañosamente caigo en las redes del texto. Compro el libro y a las pocas páginas me entero del fiasco. Luego viene el arrepentimiento, los golpes de pecho y las lágrimas metafísicas por la falta de sensatez y también de buen gusto. No siempre tengo fortuna con mis elecciones por ese hábito de querer incursionar en diversos campos del saber.
Me sucede que leo sobre teología, filosofía, pedagogía, literatura y… hasta libros motivacionales. Hay en mi estantería de libros, por ejemplo, obras de Mandino que en épocas remotas de mi vida leí con fruición y fueron inspiradores para salir del atolladero vital en el que me encontraba en su momento. Entonces, cuando uno lee un poco de todo, por vagabundeo y afición, suele equivocarse y elegir mal.
El año pasado hice una de esas malas elecciones, comprando el libro que ahora comento: «El método Obama». Por supuesto que tuve la sospecha que no sería tan buena elección, el mismo subtítulo: «las 100 claves comunicativas del hombre que ha revolucionado el mundo», debió hacerme imaginar el embuste, pero lo adquirí en la espera de alguna sorpresa. Pero nada.
El libro es un mal recetario, peor que los de Mandino, sobre la manera en que según Rupert L. Swan, Obama maneja a su auditorio. Se trata de consejos a lo «Readers Digest», muy elementales y obvios. Poco aprovechables, de poco contenido y forzados. Cada capítulo cuenta con una página o dos a lo sumo, en el que de manera precisa se muestra el talento de Obama para proponerlo a los lectores.
Un libro así, por supuesto, se lee de un solo tirón (aunque tenga 219 páginas). Es un plato de tortrix para el intelecto. Un manjar con bajos niveles proteínicos. Un menjurje incapaz de alimentar el espíritu y agilizar la mente. Eso sí, envuelto en una apariencia atractiva y seductora en su portada que no hace sino, a los espíritus distraídos y lelos, como yo apetecerlo y comprarlo.
Entre las joyas que ponen en ridículo al libro, en el capítulo que lleva por nombre «Un hombre de altura», aparece esto:
«Muy bien, no mides 1,88 metros como Obama, pero eso no significa que no puedas convertirte en un hombre o en una mujer de altura. Las personas muy altas o muy bajas tienen el inconveniente de destacar a pesar de no pretenderlo. Si piensas que eres demasiado bajito: 1. Compra unos zapatos de tacón que te ayuden a elevar tu estatura. Para los hombres existen zapatos con cuña interior que aumentan hasta siete centímetros la altura. 2. Evita dibujos y estampados en jerséis, camisas y pantalones. Por el contrario, apuesta por líneas verticales en tu ropa. Usa conjuntos de camisa y pantalón de la misma tonalidad. El contraste de colores hará que parezcas más bajo. Es mejor optar por pantalones de tiro corto y jerséis de cuello en V. 3. Es preferible que lleves el pelo tirando a corto. El pelo corto deja tu cuello, o or lo menos parte de él, al descubierto, y aporta una gran sensación de verticalidad a tu aspecto. 4. No olvides de cuidar tu postura. Mantén la espalda recta y los hombros atrás. Procura no flexionar en exceso las rodillas ni esconder los brazos.
Es necesario, según el libro tener tamaño o parecerlo, de lo contrario las personas están casi condenadas al fracaso. A continuación, para trascender los límites, vienen los consejos que seguidos a pie puntilla conducen al éxito seguro. Se trata de jugar con las apariencias y sumar algunos trucos para engañar al espíritu distraído y convencerlo de nuestros talentos. También la sonrisa puede ayudar.
Aquí las sugerencias, las relativas a la «sonrisa, risa y carcajada», son menos abundantes. Lea:
«Una magnífica sonrisa transmite cualidades como confianza, bienestar y éxito. Como dijo el escritor Charles Gordy, «la sonrisa es una forma barata de cambiar tu imagen». Al respecto, debes tener en cuenta que una boca bonita es el primer elemento clave. Aplícate en la tarea de mantener tu dentadura, con la ayuda de un dentista y con tu propia rutina:
1. Cepíllate los dientes al menos dos veces al día, preferiblemente después de cada comida. Si estás fuera de casa, un chicle sin azúcar con xylitol paliará el efecto bacteriano. Utiliza la seda dental por lo menos una vez al día. 2. Evita los dulces, el tabaco, el café y aquellos hábitos que puedan manchar tus dientes. 3. Recurre a un tratamiento estético si lo crees necesario (fortalecimiento, corrección, blanqueamiento)».
Las canas hay que cuidarlas también, al decir Swan. Hubo un tiempo en que las canas, escribe, y las ojeras en el hombre, sobre todo en el que se dedicaba a la política o las actividades bancarias, era un signo de capacidad, inversión de tiempo y gran experiencia. Pero ahora todo ha cambiado. Hay que evitarlas y, por supuesto, tiene su recetario al respecto: dormir con buenas almohadas, hacer ejercicio, tomar anihistamínicos, usar cremas con hidroquinona, hidratación de la piel y aplicación de correcta de consistencia cremosa «que sea un tono más claro que tu piel».
El libro, como puede ver, es un fiasco por lo elemental de los consejos, por su brevedad y por la superficialidad con la que se maneja el tema. ¿Tiene curiosidad por recomendaciones exiguas para ganar éxito? í‰ste puede ser su libro. Pero, como supongo que mis lectores son en su mayoría listos y aplicados a la filosofía, este texto se puede obviar.
Si con todo le interesa, puede buscarlo en las principales librería del país.