Migrantes viven en las sombras para alcanzar el «sueño americano»


Frente a la falta de un empleo digno y adecuadas condiciones para el desarrollo, la búsqueda de mejores oportunidades de vida ha provocado que miles de guatemaltecos viajen cada año hacia los Estados Unidos; sin embargo las leyes antiinmigrantes que empiezan cobrar fuerza con iniciativas de partidos ultraconservadores y la crisis económica que se vive en aquel paí­s obligan a los indocumentados a vivir entre las sombras e impiden que alcancen el anhelado «sueño americano».

Andrea Orozco
aorozco@lahora.com.gt

Como muchas mujeres, Marí­a Matí­as salió de Guatemala años atrás sin un rumbo fijo, pero con la clara idea de buscar un mejor futuro para su hijo. A los 15 años, esta mujer maya, de la etnia mam, originaria de Todos Santos Cuchumatán, Huehuetenango, dio a luz a í“scar, quien nació con espina bí­fida.

Desde ese tiempo inició la lucha de Marí­a, pues sin saber leer ni escribir se desplazó a la ciudad capital en busca de un empleo que le permitiera asegurar un buen futuro para su hijo, sin embargo los obstáculos no tardaron en aparecer. No encontró trabajo y ninguna escuela querí­a recibir a í“scar. «No queremos a niños en silla de ruedas aquí­», le decí­an.

La desesperada madre acudió a la Embajada de Canadá, donde le regalaron una silla de ruedas para su hijo, y una norteamericana le ofreció ayuda para su educación; recibió más apoyo del que le ofreció el propio Gobierno, pero las dificultades económicas aún eran un obstáculo para salir adelante. Así­ fue como decidió migrar.

La idea de viajar a los Estados Unidos para que í“scar viviera mejor se fue adueñando de la mente de la joven mujer, quien sola y sin ayuda de un «coyote», inició el recorrido hacia el paí­s del Norte con su hijo de ocho años en brazos. «Tuve mucho miedo por los peligros que hay durante el viaje, pero me entregué a Dios diciéndole que yo no viajaba para algo malo, sino por mi hijo», recuerda hoy esta madre, quien vive en «en el Norte» desde hace diez años.

Como Marí­a, miles de guatemaltecos y otros centroamericanos se han visto en la necesidad de viajar hacia Estados Unidos, buscando superar alguna complicación que en su lugar de origen no podrí­a ser satisfecha, pero la situación polí­tica y económica en Estados Unidos es cada vez más difí­cil de tolerar para los migrantes, y aun más para quienes no cuentan con documentos.

La legislación que endurece los castigos para los indocumentados, y la falta de empleos para estos, son de los más serios problemas, aunados a la «persecución» de la que son blanco por la policí­a, al punto que miles deben vivir «entre las sombras» para evitar su captura.

NECESIDAD

Francisco Hernández, de origen salvadoreño, también intentó alcanzar «el sueño americano», debido a la falta de trabajo en su paí­s. El recorrido fue un tanto tranquilo, pues a pesar de la amenaza de las pandillas -que acechan a los migrantes-, pudo llegar a su destino sano y salvo. A pesar de todo, estar lejos de su casa lo hace sentir mal.

«Empecé a sentir miedo por encontrarme lejos de mi tierra; se sufre en el camino, cinco más salieron conmigo desde El Salvador, pero poco a poco se fueron quedando en el camino y terminé llegando yo solo», recuerda. Durante el trayecto, Francisco fue encontrando a otros migrantes, hondureños, nicaragí¼enses, guatemaltecos y mexicanos, todos ellos con el mismo objetivo: la búsqueda de mejores oportunidades.

Según el documento «Marco General y Descripción de Acciones del Estado de Guatemala en Materia Migratoria», presentado por el Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala (Conamigua), fue en la década de 1940 cuando los viajes de guatemaltecos al exterior, principalmente a Europa y Estados Unidos, tomaron un elevado perfil. Dicho proceso de migración se incrementó durante los años sesenta, especialmente hacia las ciudades de Houston, Los íngeles, Miami, Chicago y Nueva York, en Estados Unidos; se estima que para esa década ya viví­an en aquél paí­s unos 10 mil guatemaltecos.

Durante la década de los años 80, a las causas laborales de la migración se sumaron los movimientos forzados como consecuencia del conflicto armado interno, tomándose este como un recurso de sobrevivencia. Las últimas estimaciones del 2009 daban cuenta que hacia los Estados Unidos habrí­an migrado unos 1.5 millones de guatemaltecos; la mayorí­a en condición de indocumentados.

Según la Organización Internacional para las Migraciones en Guatemala (OIM), a principios de este milenio, aproximadamente 50 mil guatemaltecos viajaban anualmente, ví­a terrestre y de forma irregular hacia los Estados Unidos, a través de México.

Pero, hacia 2010, la migración se ha visto afectada por la consolidación de la seguridad fronteriza, con la construcción de un muro y el patrullaje de la guardia nacional; a causa de la crisis económica estadounidense y global, la criminalización de las migraciones y la incursión del crimen organizado.

A la fecha, el número de guatemaltecos deportados es preocupante, pues según el viceministro de Relaciones Exteriores, Erick Maldonado, el 2010 terminó con unos 28 mil connacionales retornados. Tal cantidad significa, según el funcionario, entre 60 y 65 millones de dólares menos en concepto de remesas, detrás de las que se encuentran dramáticas historias humanas.

Al respecto, el grupo Migrantes Guatemaltecos en Estados Unido (Migua) realiza las previsiones para los próximos dos a seis años, indicando que debido a la posible agudización de la crisis económica y social de amplios sectores estadounidenses, también se agudizarán los sentimientos antiinmigrantes.

Además, estima que las iniciativas de ley antiinmigrantes, similares a la aprobada en el estado de Arizona en abril de este año, van a proliferar en otras partes de la Unión Americana, y prevén que el número de deportados aumentará en los próximos dos años.

«Vivir en las sombras, sin un trabajo digno, sin acceso a salud o educación, sin movilizarse libremente porque puede ser capturado, no poder contar con una licencia de trabajo o ganar los peores salarios», son algunas de las dificultades que los migrantes deben afrontar, según indica Carlos Gómez activista de la organización.

Para Marí­a, llegar a Estados Unidos significó un reto doble, pues al no poder hablar ni español ni inglés, los problemas que se le presentaron fueron incluso muy serios, sin embargo, la lucha por su hijo fue lo que la motivó a seguir adelante, trabajando como ayudante en un restaurante. Así­, luego de años de luchar por una residencia y gracias a su determinación por sacar a í“scar adelante, a Marí­a le fueron otorgados los documentos que la acreditan como «legal» en aquél paí­s.

Por el contrario, Francisco se encuentra actualmente en una situación irregular, bajo orden de arresto por no contar con papeles y «con miedo», como él mismo lo indica. Es uno de los efectos de la nueva ola de rechazo hacia los migrantes.

A LA ESPERA

En medio del panorama oscuro que predomina en el tema migratorio, prevalece la esperanza de que el gobierno de Estados Unidos apruebe un TPS (estatus de protección temporal) para evitar la deportación de los indocumentados originarios de los paí­ses más afectados por las inclemencias del tiempo en los últimos años, entre los que se encuentra Guatemala.

Al respecto, í‰dgar Ayala, secretario de relaciones públicas de Migua, recuerda que «el «rechazo», o más bien falta de accionar del gobierno de ílvaro Arzú al TPS no tiene nada que ver con la falta de aprobación de ese beneficio para Guatemala. «La falta de interés de Arzú por un TPS en su momento, solo se puede calificar como una metida de pata de proporciones históricas».

Ayala considera que en el momento actual se encuentran nuevos factores externos o colaterales que afectaron el atraso indefinido de una decisión a favor o en contra del estatus para Guatemala. «El tema migratorio durante los últimos años se ha convertido en un tema radioactivo en EE.UU. No obstante los méritos de Guatemala para la solicitud del TPS, la cantidad de damnificados fue mí­nima en comparación con otros desastres», dice.

Además, según el activista, auque no se acepte de manera oficial por parte de Guatemala o del gobierno del paí­s del Norte, hay otros aspectos que rigen o que respaldan la petición de un TPS.

«Guatemala tiene valor estratégico para Estados Unidos, y en mi opinión, sí­ se habrí­a logrado el TPS toda vez que el Congreso de Guatemala hubiera aprobado el paquete completo de leyes de seguridad que el embajador McFarland habí­a estado empujando: Ley de empresas de seguridad, ley del secreto bancario, ley contra el enriquecimiento ilí­cito, y ley de extinción de dominio. Aunque la LED sí­ se aprobó, en mi opinión todaví­a hay mucha frustración en el Departamento de Estado por la falta de voluntad polí­tica para frenar el enriquecimiento ilí­cito», asegura.

Mientras, cientos de guatemaltecos siguen a la espera de que un permiso de trabajo les permita continuar en aquel paí­s y con ello aliviar en alguna medida las necesidades de sus familiares que se encuentran en Guatemala, pero como lo señala Francisco: «hoy en dí­a vivir en Estados Unidos no es como antes, es difí­cil encontrar trabajo y dan miedo las leyes antiinmigrantes. Da miedo».

«Empecé a sentir miedo por encontrarme lejos de mi tierra; se sufre en el camino, cinco más salieron conmigo desde El Salvador, pero poco a poco se fueron quedando en el camino y terminé llegando yo solo».

Francisco Hernández

Migrante salvadoreño

INDOCUMENTADOS SUEí‘OS ROTOS


El sábado 18 de diciembre pasado, cinco senadores demócratas y 36 republicanos votaron en contra de la aprobación de la Ley DreamAct, que podrí­a otorgar un permiso especial a jóvenes indocumentados para que estudien, trabajen y sirvan en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Según una publicación de í‰dgar Ayala, secretario de relaciones públicas de Migua, el DreamAct serí­a un excelente aliciente a la economí­a de Estados Unidos.

«El potencial económico de las y los inmigrantes en Estados Unidos se confirma con la reciente información publicada por la Oficina Presupuestaria del Congreso y el Comité Conjunto de Impuestos», indicó.

Dicen que «aprobar el DreamAct reducirí­a 1.4 billones de dólares del déficit fiscal de los Estados Unidos durante los próximos 10 años, y podrí­a generar un ingreso tributario de aproximadamente $2.3 billones de dólares entre 2011 y 2020», sin embargo, este beneficio fue denegado para la comunidad indocumentada. De igual manera, la aprobación del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en ingles), está casi perdida, pues según Carlos Gómez, el TPS no será otorgado para los migrantes guatemaltecos, pues considera que los tiempos polí­ticos no son propicios, así­ como por la falta de voluntad y presión del gobierno guatemalteco.